CONACULTA publica una antología de música mexicana para piano de 1810 a 1910

Cubierta del libroLa diversidad musical del repertorio pianístico mexicano, que muestra la importancia que tenía ese instrumento para la élite del país, ha sido compilada en la antología La música mexicana para piano de 1810 a 1910, como identidad diversa.

Publicado por la Dirección General de Vinculación Cultural, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el volumen es una representación de los diferentes caminos musicales que surgieron a finales siglo XIX.

La investigación estuvo a cargo de Aldo E. Tercero, quien revisó materiales de la Biblioteca de la Escuela Nacional de Música de la UNAM, el Conservatorio Nacional de Música, la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada y el Archivo General de la Nación.

En esa época, expresó el investigador, el piano era un medio de socialización en torno al cual se bebía, se hacían negocios y se escuchaba a las señoritas tocarlo; las obras, seleccionadas por su calidad, creatividad y significado histórico, dan cuenta de una amplia diversidad cultural.

Aldo E. Tercero señaló que a finales del siglo XIX, en Europa, la ópera evolucionó en diferentes géneros, como la zarzuela española, con influencias musulmanas, o la opereta, que se convirtió después en un género ligero, como el cabaret.

Estos géneros llegaron a México y tuvieron gran popularidad. Así como los cantantes europeos vinieron a este país, muchos mexicanos, como Ángela Peralta, emigraron a trabajar a Europa.

Entre los intérpretes que actuaron aquí estuvieron Teresita Arbeu, Enzo Leviva, algunos pertenecientes a compañías de ópera que dieron grandes giras por toda la República.

Otro dato aportado por la publicación señala que en México, al igual que en Europa, se compuso una enorme cantidad de piezas para piano, con las formas musicales de moda. Aunque muchas de esas piezas fueron de una calidad deficiente.

En esa época, en Europa, Federico Chopin era el compositor de música para piano por excelencia, pues sus obras poseían una gran calidad; por ello, en México surgieron autores que emplearon viejas y nuevas formas musicales, como berceuse, barcarola, preludios, sonatas, rondós y mazurkas.

El autor del libro resaltó que los compositores mexicanos que le dedicaron obras al piano siempre tuvieron contacto con los mejores pianistas de la época y evolucionaron a la par que sus similares en Europa en su forma de componer y enseñar.

El recuento realizado en esta antología permite comprender cómo, a pesar de que desde la Conquista y hasta antes de la Independencia, la iglesia intentó ,pero no tuvo éxito en reprimir sones que la población cantaba, las composiciones prevalecen hasta nuestros días.

Para Aldo E. Tercero es interesante que las fiestas, fandangos y mitotes eran una característica de los habitantes prehispánicos del Nuevo Mundo que se conserva dentro de la cultura mexicana, en combinación con las fiestas religiosas españolas.

El libro ofrece también una serie de datos y partituras que abren el panorama de conocimientos sobre el periodo abordado por el autor, además de dar cuenta del intenso intercambio cultural que existía entre Europa y México en el terreno musical.

Fuente: diario Provincia de México

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