La SGAE se queda con ‘La Revoltosa’ y se olvida de Chapí

Fuente: Público.es

Cada vez que alguna orquesta en el mundo interpreta “La Revoltosa”, de Ruperto Chapí, hay un autor que cobra. No es el maestro Chapí, que murió hace ya 102 años, ni los creadores del libreto de esta famosa zarzuela: Carlos Fernández Shaw y José López Silva, también muertos. Tampoco sus herederos: esta obra, en teoría, ya está en el dominio público y no debería generar derechos de autor. El “compositor” vivo de La Revoltosa, el único que aún cobra derechos, nació más de medio siglo después de que esta zarzuela se estrenase. Se llama Emilio Casares Rodicio y tiene su despacho en el sótano del palacio de Longoria, en la sede de la SGAE en Madrid.

Emilio Casares es el director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), un centro de investigación público sin ánimo de lucro, participado por la SGAE, que se dedica a reeditar y recuperar viejas obras del patrimonio musical español. En la práctica, el ICCMU tiene el monopolio de gran parte de las partituras de las que se nutren las orquestas y los teatros porque es el único que accede a los archivos de la SGAE. Cada vez que una orquesta quiere interpretar alguna obra clásica española, tiene que pasar por sus partituras, que se alquilan para cada función.

El Teatro de la Zarzuela pagó 20.000 euros por La Revoltosa

Casares no sólo tiene a su nombre la partitura de La Revoltosa, de Chapí. También aparece como “autor” -según la propia base de datos de la SGAE, que se puede consultar en Internet- de otras zarzuelas del siglo XIX como “Pan y toros”, “Mis dos mujeres” o “Los diamantes de la corona”, compuestas por Francisco Barbieri; o “La viejecita”, de Manuel Fernández Caballero.

En teoría, todas estas zarzuelas están libres de derechos. Según la ley española, a los 80 años de la muerte del autor, la obra pasa al dominio público. Este plazo de 80 años rige igual para cualquier creación, sea un libro, un drama teatral o una zarzuela. No hay que pagar derechos, por ejemplo, por reeditar a Cervantes o por interpretar una obra de Lope de Vega.

Sin embargo, la ley permite reelaborar versiones sobre obras ya creadas y estas reediciones generan nuevos derechos de autor durante 25 años más. La ley no obliga a que la versión sea muy diferente de la original. Basta con cambiar tres notas, o una simple coma, para que, a efectos legales, sea una obra nueva por la que se puede volver a cobrar.

La ley permite registrar versiones casi idénticas de obras ya libres

Por medio de este subterfugio legal, la SGAE sigue recaudando a través de las partituras que elabora el ICCMU por zarzuelas del siglo XIX que ya han pasado al dominio público. También cobran derechos los nuevos “autores”: los que firman esas nuevas versiones que, técnicamente, el ICCMU llama “ediciones críticas”.

Esta práctica que permite burlar la extinción del derecho de autor no es exclusiva de la SGAE. Sucede algo similar con gran parte del repertorio de ópera. En teoría, las óperas de Rossini o las sinfonías de Mozart son libres. Pero sus partituras no lo son.

Según Emilio Casares, la función del ICCMU no es perpetuar el derecho de autor de estas obras sino permitir que se interpreten: “La zarzuela se tocaba a partir de ediciones de canto y piano, no había ni una partitura de orquesta de zarzuela hasta 1992, cuando hicimos en el instituto la primera”. Casares justifica que se cobre derechos de autor por estas ediciones críticas “porque así lo dice el artículo 128 de la ley de la Propiedad Intelectual”. “Yo no veo maldad en esa ley, me parece una ley positiva. Creo que es de justicia que se cobren derechos durante 25 años porque recuperar esas partituras es un trabajo de chinos. La edición crítica tiene la misma función que preservar una catedral, o un códice”, asegura Casares. Según sus datos, alrededor del 80% de las partituras que recuperan no están en el dominio público. “Negociamos con los herederos para que cedan un porcentaje de entre el 10% y el 20% al instituto, a la editorial y al autor de la edición crítica. En el caso de que sea una obra que estén en el dominio público, el 40% es para la editorial, el 30% para el autor y el 30% para el instituto”.

Las nuevas reediciones cobran derechos durante 25 años más

En el caso de La Revoltosa, por ejemplo, el último de sus tres autores en morir fue José López Silva, que falleció en Buenos Aires en 1925. A los 80 años, en el 2005, esta zarzuela pasó a dominio público. La edición crítica de Casares es del año 2006.

Los cambios que incluye esta edición crítica de La Revoltosa son prácticamente indistinguibles del original. Concretamente, Casares suprime las articulaciones de notas picadas en trompetas y trombones del preludio -seis notas en total-, pone entre corchetes tres compases y añade la nota fa a la partitura del oboe en el compás 325. Gran parte de estas modificaciones están ya registradas en la versión de La Revoltosa que grabó el director de orquesta Ataulfo Argenta en 1951. Para cualquier oído, sea experto o no, las diferencias son prácticamente imposibles de encontrar al escuchar la obra.

El 10% de la taquilla

Si Casares hubiese elaborado su edición crítica antes de que La Revoltosa pasase a dominio público, habría tenido que compartir los derechos que generase su adaptación con los herederos de los autores de esta zarzuela. Al hacerlo después, todo lo que recaude esa partitura es para él y para su editor, que es la empresa Arteria Promociones Culturales SL: una de las sociedades con ánimo de lucro del entramado de la SGAE, según figura en el propio archivo de SGAE. “Es un error informático”, asegura Casares. “La verdadera editora es la Fundación Autor”.

Al año siguiente de que Casares registrase su edición crítica de La Revoltosa, el Teatro de la Zarzuela de Madrid cerró su temporada lírica con la representación de esta obra. Fue durante un mes: del 22 de junio al 22 de julio de 2007. Los herederos de Chapí no vieron un euro de aquella representación. Sí cobraron, mientras tanto, Emilio Casares y la SGAE, a través de su editorial. Según el Ministerio de Cultura, el Teatro de la Zarzuela pagó por La Revoltosa 4.071 euros por el alquiler de las partituras y otros 19.826 euros por los derechos de autor, sólo por estas representaciones.

Caballé: “Los impuestos de la SGAE sobre la zarzuela son altos”

Los precios por los derechos y las partituras que se pagan por las zarzuelas han provocado quejas, incluso por parte de artistas de renombre, como Montserrat Caballé. “Fuera de España, siempre me gusta incorporar una parte de zarzuela; sin embargo, en muchas ocasiones resulta imposible porque se dice que los impuestos de la SGAE sobre los autores españoles son muy elevados”, denunciaba Caballé en una entrevista el año pasado en el diario El Comercio. “Me acaba de ocurrir en el Carnegie Hall, de Nueva York. Yo me enfadé mucho, pero no es nada nuevo. Se quejan igual en Viena o en Berlín”.

Además de Emilio Casares, otros muchos autores han estado registrando ediciones críticas de viejas zarzuelas por encargo del ICCMU. En su caso, es más relevante porque es Casares quien encarga estos trabajos, a través del instituto que dirige. “Sería una inmoralidad que no hiciese ninguna edición crítica”, argumenta Casares. “Tengo que hacer alguna porque si no dirían que soy un caradura que no sé hacer ese trabajo”.

El objetivo inicial de ese proyecto era recuperar partituras que estaban muy deterioradas. En muchas de esas obras, la versión crítica está más justificada porque el compositor que restaura la partitura tiene que reconstruir, literalmente, algunos fragmentos perdidos cotejando distintas versiones. Sin embargo, tienen menos sentido las ediciones críticas de las obras más famosas de Chapí o Barbieri, que nunca han dejado de interpretarse y cuyas partituras estaban perfectamente conservadas.

Irónicamente, uno de los fundadores de la SGAE, en 1899, fue el maestro Chapí.

5 comentarios

  1. […] se han hecho esperar las reacciones en contra del artículo que el periódico Público lanzó el pasado día 27 de julio, en relación a la supuesta atribución de la autoría de “La Revoltosa” por parte de […]

  2. Hola!,
    Reitero mis felicitaciones por la creación de este sitio. No es fácil nutrir diariamente un blog con información actual y polémica con un tema que interesa a tantos (aunque no se note) como es la documentación musical.
    El tema es demasiado complejo y, como se comenta en este artículo, coincido en que tanto musicólogos como orquestadores y editores de las “versiones” que se ponen a disposición actualmente de las zarzuelas merezcan recibir un merecido reconocimiento. Más aún cuando se trata de orquestar o copiar criteriosamente una obra a partir de un manuscrito en condiciones deficientes.
    No veo mal que una editorial exista con esta finalidad; es más, considero que la SGAE como poseedora del fondo más importante de zarzuela (como también se menciona, algunas zarzuelas no forman parte del archivo SGAE/ICCMU) tiene cierta obligación en poner este repertorio a disposición de los intérpretes. Ahora bien ¿es ético que sea la misma SGAE quien se haga cargo de la edición de este repertorio y, por consiguiente, de percibir los derechos correspondientes?. Éticamente es cuestionable pero aparentemente cuentan con el respaldo legal necesario para llevar adelante sus objetivos.
    Lo que es ciertamente criticable es que el ICCMU no logra alcanzar decentemente su objetivo: poner a disposición de los intérpretes un fondo de inestimable valor. No existe garantía alguna que las obras sobre las cuales han plantado bandera estén realmente disponibles al público. El acceso a las obras de sus archivos no es fácil. Por otra parte hay obras que hace años esperan ser editadas y otras que, habiendo sido editadas se han agotado y es prácticamente imposible saber más. Las condiciones en que se alquilan los materiales orquestales es algunas veces inaceptable y la relación precio y calidad es cuestionable. En resumen… Si la SGAE ha tenido la astucia de montarse el chiringuito y todos los hemos dejado hacer libremente, deberían beneficiarse de los resultados asegurándose más clientes y evitando el ruido mediático. És lógico que mientras las arcas estén llenas cuidar las formas no importa demasiado.

    • Hola Soledad.
      Antes de nada, agradezco tus palabras hacia el blog. Con unas palabras de ánimo como estas de vez en cuando ya merece la pena continuar.
      En cuanto el tema que nos ocupa… Yo lo veo todo tan complejo… Sobre esta obra de Chapí, reconozco que no poseo absolutamente todos los datos, así que habría que ver este caso si es tal y como lo cuenta el perdiodista de Público. Todos sabemos que desde siempre se ha editado revisiones, versiones, arreglos… de ahí a que una persona, por editar una nueva versión, se atribuya la creación también de la original, hay un trecho, ya que esto es imposible que suceda. ¿Este caso no podría haberse arreglado con un reparto de los beneficios de dicha edición entre más beneficiarios a parte de ICCMU o la SGAE? Puestos a dar ideas, cualquiera puede ir a la SGAE, solicitar la consulta de la original de La Revoltosa, la de Chapí, hacer su propia versión y ponerla en dominio público, ya que los derechos de los autores originales ya han prescrito.
      Y si, la SGAE ha sido astuta y yo, sinceramente, al margen de las polémicas que han surgido este mes con el desvío de capital, no creo que en el tema de la edición de sus fondos -no hay que olvidar que es una entidad privada y que los materiales que conservan lo son también- se atreva a comenter irregularidades, y como dices, aun sin consultar la legislación, estoy segura de que se respeta la ley en este sentido. Ahora bien, dada su estrechísima relación con el Ministerio de cultura, ¿sería quizás más ético sacar a concurso las ediciones de estas obras, o que editadas por la SGAE se pensara en un sistema de “cobro” por explotación y que esos ingresos se destinaran a otros menesteres que no fueran los de engrosar las arcas, casi reventonas ya, de la SGAE? (sobre todo cuando luego personas como José Luis Rodríguez Neri se toman el dinerillo como una hucha personal…)
      En fin: que si, que al menos deberían ser más discretos y no dar tanto que hablar. Estoy segura que saben hacer las cosas mejor, aunque, como dices, quizás ni les importa ya.

  3. Si en “La Revoltosa” aparece Casares como autor es un error del catalogador; aunque por otro lado me pregunto si en algún sitio de la partitura aparece el nombre de Chapí o si sólo aparece “versión de la…” Así que no estaría de más decirles a la SGAE que revisen su base de datos…
    Creo que el origen de la funcionalidad de la SGAE es bueno e incluso necesario; pero en lo que se ha convertido hoy me parece inmoral. No obstante si se siguen haciendo leyes que complementen las exigencias de esta entidad seguiremos igual.

    • Hola Estitxu.
      Efectivamente, habría que comprobar el catálogo para ver si es cierto que Emilio Casares aparece como autor de la obra. Sabemos que el periodismo a veces no utiliza la terminología que corresponde, con el fin de poder llegar a más lectores. Y si, yo también conozco la historia y el motivo del origen de la SGAE: en su día fue totalmente justificado este asosiacionismo, y era real el interes por proteger a los autores -de los editores, por cierto- y sus creaciones. Ahora, quizás, habría que hacer una revisión y ver “cómo hemos cambiado”…

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