El monasterio de Samos conserva más de 4.000 obras en su archivo musical

El archivo musical del monasterio de Samos guarda entre sus paredes más de 4.000 obras, que documentada el sarriano Juan Díaz Bernárdez.

Este comenzó a trabajar en el archivo de la abadía tras realizar un máster en Valladolid sobre música hispánica. «El monasterio me pareció el lugar idóneo dado su larga historia. Es una de las abadías más antiguas que existe hoy en día en España y ello conlleva que cuente con un gran número de archivos musicales», apuntó el sarriano, quien es abogado, aunque también estudió musicología. A día de hoy lleva analizadas unas 3.500 obras de las más de 4.000 existentes en el cenobio.

El sarriano comenzó a documentar los fondos musicales del monasterio hace más de siete meses. Para ello elabora fichas con cada uno de los archivos, en las que se recogen datos como el tipo de obra, si se trata de piezas para uso litúrgico o no o si son adaptadas, el género al que pertenecen las obras y quien fue el autor y el copista.

Díaz confesó que se está estudiando dejar una copia de las fichas elaboradas sobre el archivo musical en la página web del monasterio para que puedan ser utilizadas por otros investigadores «y continúen con el trabajo que yo he comenzado con tanta ilusión».

El documento más antiguo encontrado hasta ahora en el archivo musical data del siglo XVII. También se localizaron más de 17 cantorales «muy importantes» porque fueron creados en el mismo monasterio por varios monjes entre los siglos XVII y XIX.

Entre las obras están unos 800 manuscritos, mucha música religiosa y profana, diversos impresos de música de imprenta, partituras variadas para piano y música de cámara, varias arias para ópera creadas por el compositor italiano Gioachino Rossini, conocido por sus óperas. Se encuentran también primeras ediciones de sonatas del compositor clásico Muzio Clementi, quien es reconocido como el primero que escribió específicamente para piano. Además, hay gran cantidad de música para órgano del siglo XIX, sonatas para órgano en manuscritos y 500 versos para órgano, que son «piezas únicas», afirmó.

Juan Díaz explicó que desde finales del siglo XIX y principios del XX el monasterio de Samos contó con un gran número de monjes que eran compositores, como Medardo Carreño Suárez, quien fue maestro de la capilla de la catedral de Oviedo y posteriormente dedicó sus últimos años de vida a componer obras en la abadía samonense. En el templo guardan todos sus trabajos, que son principalmente música gallega y para orquesta.

Otro monje de relevancia fue el padre Victoriano, quien fue el primer religioso del cenobio de Samos en realizar una actividad científica sobre el canto gregoriano, señaló. De este género musical se conservan 251 tratados, diversos métodos y monografías.

Fuente: El Progreso de Galicia

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