El ‘blues’ vuelve a casa…

Fuente: La Vanguardia.com

Puede parecer una contradicción. Poco después de anunciar la finalización del ambicioso proyecto de digitalización del gigantesco archivo del musicólogo estadounidense Alan Lomax -dando acceso global a miles de canciones procedentes de una treintena de países que Lomax grabó entre los años treinta y el momento de su muerte, en el 2002-, los directores del legado se desplazaron hasta el pequeño pueblo de Como en Misisipi. El motivo del viaje: repatriar copias físicas de las históricas grabaciones de artistas del blues y sus precursores musicales que Lomax realizó en discos de acetato, durante su vuelta al sur aquel 1959. Habían pasado veinte años desde las primeras grabaciones que Lomax había hecho junto a su padre en Misisipi, con artistas como Muddy Waters y Son House.

Pero si se tiene en cuenta a los 35.000 habitantes de la localidad de Como y sus alrededores, cuyas humildes viviendas y tráilers prefabricados se extienden por el ondulado Hill Country de Misisipi, es fácil entender la importancia de un archivo local, incluso en la era de internet. “Nueve de cada diez niños en Como nace en la pobreza, con una renta anual inferior a 14.000 dólares por familia, y menos del 10 por ciento tiene un ordenador en casa”, explica Alice Pierotti, la joven bibliotecaria que está diseñando el nuevo archivo en una sala empapelada con fotos de músicos legendarios: desde Fred McDowell, inspiración de los Rolling Stones y Eric Clapton, hasta Otha Turner y los hermanos Lonnie y Ed Young, virtuosos de la música preblues de Drum and fife (tambor y flauta).

“La repatriación parece simbólica, pero queremos que la gente venga a escuchar la música de sus abuelos y bisabuelos”, dice Pierotti. El día de la repatriación del archivo de Como, el pasado febrero, Sharde Thomas, la nieta de Otha Turner, desfiló por el pueblo tocando la flauta y sacando a la gente de sus casas. “Parecía el flautista de Hamelín”, añade.

Alan Lomax grabó más de 6.000 canciones populares en su odisea de antropología musical, desde los hollers de los presos de Alabama y los primeros blues de Leadbelly, hasta las jotas aragonesa y asturiana, canciones de atuneros de Calabria, cançons redoblades de Eivissa, pasando por África, Asia Central y el Caribe. Su archivo ha servido de cantera para una galería de artistas y estrellas de rock multimillonarias. Miles Davis y Gil Evans basaron partes de su obra maestra de jazz impresionista Sketches of Spain en las grabaciones que Lomaxhizo de saetas en Sevilla y gallegadas grabadas en Alborda de Vigo, en septiembre de 1952. Hace exactamente 50 años, Bob Dylan, incluyó House of the rising sun en su primer disco, tras escuchar las grabaciones de la quinceañera Georgia Turner en Kentucky. El electro-músico estadounidense Moby fundamentó casi todo su disco Play (1999) en músicas grabadas porLomax. Y el nuevo disco de Bruce Springsteen, Wrecking ball, incluye una serie de referencias a tomas que hizo Lomax entre 1940 y 1959. Asimismo, las históricas grabaciones de Muddy Waters en el Sherrod Plantation en el verano de 1941, proporcionarían materia prima para los megagrupos del rock, desde los Rolling Stones a David Bowie, Jimi Hendrix y Eric Clapton.

Pero, más que convertirse en la cantera de las estrellas del futuro, el sueño de Lomax era la creación de lo que él calificó como un Global Dukebox, que permitiría diseminar las más de 17.000 grabaciones -incluyendo, conversación, conferencias y entrevistas- y fotografías por el mundo entero. “Alan defendía la idea de la equidad cultural; que todas las culturas, cada grupo étnico o lingüístico, debería tener la misma importancia”, explica Todd Harvey, del American Folklife Center en la Biblioteca del Cogreso de Washington, donde ambos Lomax -padre e hijo- trabajaron en los años treinta y cuarenta. Ahora, aloja en medio kilómetro de estanterías las cintas y negativas originales del archivo. “Para él, la diversidad cultural era sana, como la biodiversidad”.

De ahí el doble compromiso de los directores del archivo Lomax, entre los que se encuentra la hija de Alan, Anna -la sede está en la Asociación de Equidad Cultural del Hunter College de Nueva York-, por llevar el archivo a lo local a la vez que lo globalizan electrónicamente. Ya se han repatriado las grabaciones realizadas en Campania, en 1954, ahora en el Archivio Sonoro della Canzone de Nápoles, e incluso las realizadas en el Caribe en 1935, entre ellas, la canción John B Sail de las Bahamas, que luego fue grabada por los Beach Boys, y que ahora se han entregado a sus pueblos, desde Guadalupe hasta Santa Lucía. “Estamos buscando socios en todas las regiones donde Alan grabó para llevar a cabo la repatriación”, asegura Don Fleming, que dirige el programa Global Dukebox (del sello discográfico). Se preparan nuevos retornos en España, EE.UU., Inglaterra, Trinidad y Haití.

La próxima repatriación en Misisipi se producirá en Senatobia, un municipio que colinda con Como, donde otros gigantes del Drum and fife habían sembrado las semillas del blues a inicios del siglo XX, mezclando ritmos africanos con melodías de la guerra civil. La figura clave era Sid Hemphill, un genio ecléctico de Senatobia al que Lomax grabó en 1942 y de nuevo (a sus 90 años) en 1959. Considerado el padre de los blues de Hill Country, más rítmicos que los del Delta, Hemphill tocaba una panoplia de instrumentos, muchos de ellos caseros. Según su biógrafo, John Szwed, su innovación de cantar directamente por las cinco o seis cañas de las flautas quill lo convirtieron en el precursor de la armónica del blues.

Pero, aunque Lomax halló auténticos virtuosos de blues en sus dos viajes al Misisipi, lo más extraordinario fue que “la música era colectiva, salía de enormes familias, gente que tocaba en el porche o en la iglesia, con instrumentos hechos de enseres cotidianos”, dice Pierotti. Para animar a los niños a seguir la tradición y pasarse por la biblioteca, Pierotti y su novio han fabricado una veintena de Didley Bows, instrumento clásico del sonido Como, de una sola cuerda hecha con alambre de escoba, que se toca con un slide improvisado con el cuello de una botella. “Se lo pasaron pipa”, dice.

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