Sobre la obligatoriedad de la música en la LOMCE, Bolonia y las bibliotecas musicales

Tomàs, Almería, Catalá y Wert. Foto: FSMCV

Para aquellos que no lo sepan, en la Comunidad Valenciana es muy característica la gran afición a la música: 544 sociedades musicales con escuelas de música (el 50% de toda España) con 40.000 músicos, 60.000 alumnos y más de 200.000 socios son un segmento importante dentro del ámbito musical, al que hay que sumar numerosas agrupaciones, cursos, festivales y ciclos de cualquier género.  En definitiva: la música forma una parte muy importante de la vida de alicantinos, valencianos y castellonenses.

Por eso, no es de extrañar que representantes culturales y musicales valencianos tuvieran la iniciativa de pedir al ministro José Ignacio Wert una reunión que finalmente se celebró ayer 24 de julio, y a la que asistieron el presidente de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana, Josep Francesc Almería, Manuel Tomàs, director de CulturArts, y la consellera Educación, Cultura y Deporte María José Catalá. La consellera y la FSMCV pusieron sobre la mesa un proyecto de innovación pedagógica para luchar contra el fracaso escolar, ya que un estudio realizado por la Consellería en el curso 2011-2012 concluyó que “la enseñanza musical repercute positivamente sobre los resultados académicos”.

Previamente, la FSMCV había propuesto varias enmiendas a la LOMCE para que se contemplara la troncalidad y la obligatoriedad de la Música en la enseñanza, al nivel de Lengua Castellana, Matemáticas, Lengua Extranjera, Ciencias Sociales, Biología y Geología, Física y Química, Geografía e Historia, ya que estudios demuestran que los alumnos que aprenden música tiene un mejor rendimiento y menor fracaso escolar que los que no lo hacen, propuesta que ha sido respaldada por Catalá. Asimismo, la FSMCV llevó a cabo diversas acciones para que la educación musical estuviera contemplada en la Constitución, como ya sucede en Suiza, probablemente para lograr, entre otras cosas, que los vaivenes políticos no fueran cambiando el criterio sobre esta materia según la ley educativa de turno.

Según informa Doce Notas, Wert ha declarado que “no era necesario convencerle sobre la incidencia formativa de la música”. Catalá y Tomás también lo tienen claro, no en vano la música forma parte importante en sus vidas (la primera fue estudiante de música y el segundo profesor superior de oboe y director de conservatorio hasta hace muy poco). Parece que la propuesta ha sido admitida, aunque no como asignatura troncal sino como carga lectiva igual a las asignaturas mencionadas. Estaremos pendientes de cómo se va desarrollando esta excelente noticia.

¿Y las bibliotecas musicales? Crítica constructiva

Ahora permitidme que haga desde aquí una reflexión en torno a esta estupenda propuesta, y que barra para casa: las bibliotecas, fonotecas, mediatecas… y centros de recursos para el aprendizaje en los centros escolares, ¿no deberían formar parte de los proyectos pedagógicos?. ¿Se pensará en estos servicios a la hora de llevar a cabo algún proyecto?. Desde hace muchos meses estoy siguiendo virtualmente debates en torno a la consideración de los estudios superiores de Conservatorio como carrera universitaria al mismo nivel que cualquier otra, así que esta positiva reunión de la FSMCV se une al propósito de dar a la educación musical la importancia que tiene y -si no la tiene todavía- que se merece.

De todo lo que he estado observando de ambos movimientos, -si no me equivoco- en ninguna planificación, proyecto, situación ideal… se plantea siquiera dotar de recursos bibliotecarios –hablando en genérico- (espacios, materiales, documentos, personal…) o de aprovechar los que ya se tienen (los fondos de los departamentos, los espacios  existentes pero sin utilizar, los lotes que han ido llegando a los centros)… De hecho, sé que existen profesores que no ven ni creen que una biblioteca pueda ser útil para desarrollar su trabajo ni como apoyo al estudiante. Afortunadamente, no son todos. Por contra, también sé que los alumnos sí ven estos servicios como un recurso útil para su formación. Se ha demostrado que “cuando los bibliotecarios y los docentes cooperan, los alumnos logran alcanzar niveles más altos en conocimientos básicos, lectura, aprendizaje, solución de problemas y competencias en materia de tecnologías de la información y la comunicación“. No lo digo yo, lo dice la Unesco. También la Fundación Germán Sánchez Ruipérez analiza los cinco impactos positivos de las bibliotecas escolares en el rendimiento estudiantil, sobre un informe del New York Comprehensive Center (NYCC).

Pero es que seguimos pensando que “toda la música está en Internet”. No, señores, no todo está en Internet. En Internet hay “solo algunos” datos y documentos, y por otro lado las habilidades en materia de información no te las enseña una página web, y esto lo dice una fan de la WWW y las herramientas que nos hacen la vida más fácil, incluso en materia de información. Pongamos un ejemplo: la Berklee College of Music (la escuela más adaptada a los tiempos modernos que yo conozca, con lo último en contenidos y tecnologías) no ha dudado en ofrecer una biblioteca acorde con las necesidades de alumnos y profesores desde el primer momento de su instalación en Valencia.

Estoy segura que muchos profesores/as de música con hijos en edad escolar, les agrada ver que en sus coles de primaria, secundaria o institutos, tienen, junto al gimnasio, a un buen patio de recreo y a un buen comedor escolar, una biblioteca con cuentos, juegos, diccionarios, literatura, ordenadores de consulta, equipos multimedia, acceso a recursos en Internet… pero en cambio -afortunadamente no todos- no se lo plantean para los centros musicales. Y sobre las bibliotecas universitarias: ¿está la Universidad -en general- preparada para ofrecer una Unidad de Información especializada en música, con acceso a bases de datos, bibliografía especializada, servicios diversos, personal con las competencias y habilidades necesarias (que en materia de Música no son pocas, por cierto)? Se habla mucho sobre el tema del posgrado y doctorado para titulados de conservatorio, más contenidos en materia de Metodologías de la Investigación, pero… no se habla de cómo se ha pensado dotar al alumno de herramientas para investigar.

Aunque no conozco el 100% de casos, me consta que hay conservatorios (Medios y Superiores) que poseen bibliotecas excelentes y muy bien gestionadas, pero ojalá no hubiera que justificar que las bibliotecas musicales son necesarias para la formación del alumno, y que en alguno de esos proyectos en favor de dar a la Música el lugar que se merece se incluya también la planificación de una de las herramientas para conseguirlo: las Bibliotecas Musicales.

Vuestro turno.

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