La jota también vuelve a casa

Fuente: Andy Robinson para La Vanguardia

Tras ver su nombre aparecer a finales de los cuarenta en la lista negra maccarthista con una carta firmada por J. Edgar Hoover, el infame director del FBI, exigiendo su cese de la biblioteca del Congreso en Washington por supuestas simpatías comunistas, no es de extrañar que a Alan Lomax no le apeteciese mucho visitar la España franquista. En un exilio voluntario en Europa, durante toda la década de los cincuenta, Lomax había empezado a trabajar para la BBC encargado de hacer una serie de programas sobre la música popular de diversos pueblos europeos, desde Italia hasta el País de Gales, Irlanda y Francia. Pero España, donde lo folklórico empezaba a cambiar radicalmente de significado, no entraba en sus planes. “Alan pensaba que España era un país oscuro e ignorante; sólo fue porque la BBC le obligó”, dice Judith Cohen, etnomusicóloga de la Universidad de York en Toronto (Canadá), una autoridad en música folklórica española y sefardí.

En muchos aspectos sus temores fueron cumplidos. Asistió al festival de música folklórica en Palma de Mallorca en el verano de 1951, en busca de un musicólogo español que pudiera librarle del trabajo de recorrer un país en el que, según escribió, “se ven cuarteles y letreros con el ‘Todo por la patria’ en todas partes, pero no es la patria del pueblo que yo veo”. En Palma “estreché manos con mi primer fascista”. Conoció a “folkloristas vulgares y maleducados”, entre ellos Mario Schneider, que Lomax tachó de nazi (sin mucho fundamento, según Cohen). Schneider le dijo que boicotearía su proyecto y le invitó a dejar España.

Pero “en una reacción muy característica, Lomax consideró el rechazo como un reto y decidió recorrer el país y hacer sus propias grabaciones como había hecho en otros países”, dice Todd Harvey, director del American Folklife Centre. Los viajes resultarían muy complicados. El FBI había informado de que había un izquierdista estadounidense y defensor acérrimo de la diversidad cultural en España. “La espantosa Guardia Civil me tenía fichado”.

Pero conforme va recorriendo el país, Lomax empieza a ver por debajo de la superficie. “Este es un gran país”, escribe . “Cada pueblo tiene su propio sistema cultural con tradiciones que penetran en cada aspecto de la vida”. Recorre España en los siete meses siguientes, de Eivissa a Aragón, Extremadura, Asturias, Andalucía y Galicia. Se saltó Catalunya: “Tenía la intención de regresar por Catalunya y hacer trabajos de campo, pero al final salió por Irun”, dice Cohen. Pasa una noche en la cabaña de un pastor extremeño “que tocaba un instrumento medieval de una cuerda y cantó baladas sobre las guerras de Carlomagno”. Fotografía a asturianas que acompañan las gallegadas y jotas tocando la payella, una sartén. Escucha las asombrosas cançons redoblades de Eivissa con sus gorgoteos orientales. Todo esto se grabó y puede escucharse en el archivo www.culturalequity.org/index.php.

La primera repatriación española se hizo en septiembre en Asturias, con la edición de un nuevo libro y dos CD con 101 canciones grabadas en noviembre de 1952, y en colaboración con el Muséu del Pueblu d’Asturies. Se planean nuevas colaboraciones con el centro de Documentación Musical de Andalucía y el Museu de Cultura d’Eivissa. “Estamos buscando socios y queremos que la gente nos ayude a identificar a los personajes de las fotos de Alan”, dice Don Fleming de la Asociación de Equidad Cultural en Nueva York.

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El ‘blues’ vuelve a casa…

Fuente: La Vanguardia.com

Puede parecer una contradicción. Poco después de anunciar la finalización del ambicioso proyecto de digitalización del gigantesco archivo del musicólogo estadounidense Alan Lomax -dando acceso global a miles de canciones procedentes de una treintena de países que Lomax grabó entre los años treinta y el momento de su muerte, en el 2002-, los directores del legado se desplazaron hasta el pequeño pueblo de Como en Misisipi. El motivo del viaje: repatriar copias físicas de las históricas grabaciones de artistas del blues y sus precursores musicales que Lomax realizó en discos de acetato, durante su vuelta al sur aquel 1959. Habían pasado veinte años desde las primeras grabaciones que Lomax había hecho junto a su padre en Misisipi, con artistas como Muddy Waters y Son House.

Pero si se tiene en cuenta a los 35.000 habitantes de la localidad de Como y sus alrededores, cuyas humildes viviendas y tráilers prefabricados se extienden por el ondulado Hill Country de Misisipi, es fácil entender la importancia de un archivo local, incluso en la era de internet. “Nueve de cada diez niños en Como nace en la pobreza, con una renta anual inferior a 14.000 dólares por familia, y menos del 10 por ciento tiene un ordenador en casa”, explica Alice Pierotti, la joven bibliotecaria que está diseñando el nuevo archivo en una sala empapelada con fotos de músicos legendarios: desde Fred McDowell, inspiración de los Rolling Stones y Eric Clapton, hasta Otha Turner y los hermanos Lonnie y Ed Young, virtuosos de la música preblues de Drum and fife (tambor y flauta).

“La repatriación parece simbólica, pero queremos que la gente venga a escuchar la música de sus abuelos y bisabuelos”, dice Pierotti. El día de la repatriación del archivo de Como, el pasado febrero, Sharde Thomas, la nieta de Otha Turner, desfiló por el pueblo tocando la flauta y sacando a la gente de sus casas. “Parecía el flautista de Hamelín”, añade.

Alan Lomax grabó más de 6.000 canciones populares en su odisea de antropología musical, desde los hollers de los presos de Alabama y los primeros blues de Leadbelly, hasta las jotas aragonesa y asturiana, canciones de atuneros de Calabria, cançons redoblades de Eivissa, pasando por África, Asia Central y el Caribe. Su archivo ha servido de cantera para una galería de artistas y estrellas de rock multimillonarias. Miles Davis y Gil Evans basaron partes de su obra maestra de jazz impresionista Sketches of Spain en las grabaciones que Lomaxhizo de saetas en Sevilla y gallegadas grabadas en Alborda de Vigo, en septiembre de 1952. Hace exactamente 50 años, Bob Dylan, incluyó House of the rising sun en su primer disco, tras escuchar las grabaciones de la quinceañera Georgia Turner en Kentucky. El electro-músico estadounidense Moby fundamentó casi todo su disco Play (1999) en músicas grabadas porLomax. Y el nuevo disco de Bruce Springsteen, Wrecking ball, incluye una serie de referencias a tomas que hizo Lomax entre 1940 y 1959. Asimismo, las históricas grabaciones de Muddy Waters en el Sherrod Plantation en el verano de 1941, proporcionarían materia prima para los megagrupos del rock, desde los Rolling Stones a David Bowie, Jimi Hendrix y Eric Clapton.

Pero, más que convertirse en la cantera de las estrellas del futuro, el sueño de Lomax era la creación de lo que él calificó como un Global Dukebox, que permitiría diseminar las más de 17.000 grabaciones -incluyendo, conversación, conferencias y entrevistas- y fotografías por el mundo entero. “Alan defendía la idea de la equidad cultural; que todas las culturas, cada grupo étnico o lingüístico, debería tener la misma importancia”, explica Todd Harvey, del American Folklife Center en la Biblioteca del Cogreso de Washington, donde ambos Lomax -padre e hijo- trabajaron en los años treinta y cuarenta. Ahora, aloja en medio kilómetro de estanterías las cintas y negativas originales del archivo. “Para él, la diversidad cultural era sana, como la biodiversidad”.

De ahí el doble compromiso de los directores del archivo Lomax, entre los que se encuentra la hija de Alan, Anna -la sede está en la Asociación de Equidad Cultural del Hunter College de Nueva York-, por llevar el archivo a lo local a la vez que lo globalizan electrónicamente. Ya se han repatriado las grabaciones realizadas en Campania, en 1954, ahora en el Archivio Sonoro della Canzone de Nápoles, e incluso las realizadas en el Caribe en 1935, entre ellas, la canción John B Sail de las Bahamas, que luego fue grabada por los Beach Boys, y que ahora se han entregado a sus pueblos, desde Guadalupe hasta Santa Lucía. “Estamos buscando socios en todas las regiones donde Alan grabó para llevar a cabo la repatriación”, asegura Don Fleming, que dirige el programa Global Dukebox (del sello discográfico). Se preparan nuevos retornos en España, EE.UU., Inglaterra, Trinidad y Haití.

La próxima repatriación en Misisipi se producirá en Senatobia, un municipio que colinda con Como, donde otros gigantes del Drum and fife habían sembrado las semillas del blues a inicios del siglo XX, mezclando ritmos africanos con melodías de la guerra civil. La figura clave era Sid Hemphill, un genio ecléctico de Senatobia al que Lomax grabó en 1942 y de nuevo (a sus 90 años) en 1959. Considerado el padre de los blues de Hill Country, más rítmicos que los del Delta, Hemphill tocaba una panoplia de instrumentos, muchos de ellos caseros. Según su biógrafo, John Szwed, su innovación de cantar directamente por las cinco o seis cañas de las flautas quill lo convirtieron en el precursor de la armónica del blues.

Pero, aunque Lomax halló auténticos virtuosos de blues en sus dos viajes al Misisipi, lo más extraordinario fue que “la música era colectiva, salía de enormes familias, gente que tocaba en el porche o en la iglesia, con instrumentos hechos de enseres cotidianos”, dice Pierotti. Para animar a los niños a seguir la tradición y pasarse por la biblioteca, Pierotti y su novio han fabricado una veintena de Didley Bows, instrumento clásico del sonido Como, de una sola cuerda hecha con alambre de escoba, que se toca con un slide improvisado con el cuello de una botella. “Se lo pasaron pipa”, dice.

El legado sonoro de Alan Lomax

Rogelia Gayo, una de las mujeres a las que grabó Lomax en su periplo asturiano.

Rogelia Gayo, una de las mujeres a las que grabó Lomax en su periplo asturiano.

Sale a la luz un libro que incluye dos discos con grabaciones realizadas por el etnomusicólogo estadounidense en Asturias

El salón de actos del Museo del Pueblo de Asturias acoge hoy a las siete de la tarde la presentación del libro «Alan Lomax in Asturias. November 1952», uno de los títulos más ambiciosos de la colección sonora del Archivu de Música Tradicional y Fontes Sonores de la Música Asturiana.

Este volumen, realizado en estrecha colaboración con el Alan Lomax Archive de Nueva York y editado en asturiano, español e inglés, lleva incorporados dos discos que recogen las grabaciones realizadas por el etnomusicólogo y antropólogo musical estadounidense Alan Lomax (1915-2002) en su visita a Siero, Cabrales, Llanes, Mieres, Aller, Valdés, Miranda, Somiedo, Oviedo y Gijón tras llegar de un viaje por Europa.

En el acto estarán presentes Josefina Moradiellos, Manuel Otero, Ángela Mestas y Maruja Suárez, que hace casi sesenta años cantaron y tocaron para el investigador varios de los sones recogidos por éste, alguno de las cuales aparece en la portada del volumen con fotografía de aquella época interpretando «The Corri-Corri».

Este esperado disco-libro incluye numerosas fotografías de la época e interesantes textos con apuntes del mismo autor sobre cada pieza, además de otros textos históricos, geográficos, sociales y musicales sobre Asturias.

Judith R. Cohen, responsable de las grabaciones hechas por Lomax en España, señala en el libro «la inestimable colaboración» de Anna Lomax Wood para la recuperación y uso de estas fuentes sonoras ahora editadas y las muchas dificultades encontradas por Lomax en su visita a España, como la acaecida en el Festival Folclórico de Mallorca, donde se encontró con el musicólogo Costantin Brailoiu, el musicólogo alemán Marius Schneider y el musicólogo español García Matos, quien estaba realizando estudios sobre el folclore español con apoyo del alemán, entonces director del Instituto de Musicología de España con los Archivos de Música Popular de Ginebra y UNESCO. Sobre Schneider y sus amenazas veladas («me aseguraré de que no reciba usted apoyo de ningún musicólogo español»), escribió Lomax en su saga «Folksong hunter» que era un «autoritario idiota y nazi refugiado que había asumido la dirección de música folclórica de Berlín después de que Hitler se la quitara a su director judío y que ahora mandaba en el archivo del CSIC».

«Me amenazó», continúa relatando Lomax, «con echarme de España, y yo le respondí que grabaría la música de este país desgraciado aunque tuviera que empeñar el resto de mi vida en ello». Lomax se quedó viajando por diversas regiones de España mucho tiempo mientras Brailoiu, Schneider y Matos viajaban -curiosamente- a Asturias. Sobre este período el libro recoge también textos epistolares de Lomax donde apunta cosas como «la Guardia Civil, espantosa, con sus sombreros negros, me tenían en sus listas; nunca sabré por qué, pues nunca me detuvieron; pero al parecer siempre sabían dónde encontrarme. En los lugares más perdidos, más olvidados, menos probables, en las montañas… aparecían como buitres negros que llevaban consigo el hedor del miedo, y entonces los músicos perdían su coraje».

Encontró Lomax en el profesor de historia, antropólogo y cantante ovetense Juan Uría Ríu apoyo incondicional para su incursión en el mundo vaqueiro e incluso alguna pieza interpretada por este experto asturiano aparece ahora recuperada en este volumen. También un texto sobre este viaje y este folclore de Fidela Uría Líbano, y otros de Naciu Llope (Colectivo Belenos) y Lisardo Lombardía (director del Festival Intercéltico de Lorient y del Colectivo Belenos).

Alan era hijo del no menos legendario etnomusicólogo John Lomax, a quien acompañó para grabar las primeras canciones de los esclavos negros del Delta del Mississippi. En su carrera destacó la seria propuesta de enraizar sociología y el corpus musical en su afamado sistema «Cantométrico». Con sus estudios del blues resucitó, redescubrió y relanzó a nombres míticos como Woody Guthrie, Muddy Waters o Leadbelly y fue precursor del «folk-revival» que tan grandes nombres ha dado a la historia de la música de raíz. Viajó por Irlanda y las islas escocesas gaélicas, Rumanía y España para recoger el folclore de estas tierras. Es autor de innumerables libros y protagonista de programas de radio especializados por los que recibió prestigiosos galardones; el último, un «Grammy» póstumo por toda su obra al año de su muerte.

Fuente: lne.es

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