Tim Carter, Valeria De Lucca y Juan José Carreras, ponentes de la próxima Conferencia Internacional Accross Labels (24-26 abril)

Los días 24 al 26 de abril de 2018 se celebrará, en el Teatro Real de Madrid, la Conferencia Internacional “Géneros de música teatral: más allá de las etiquetas” , como resultado de dos proyectos de investigación coordinados por el ICCMU: MadMusicEspacios, géneros y públicos de la música en Madrid, ss. XVII-XXMuTeMúsica teatral en España: géneros, continuidades e interacciones (1680-1914). Las inscripciones al Congreso Across Labels siguen abiertas con descuentos a estudiantes y la posibilidad de obtener un crédito para los que pertenezcan a la Universidad Complutense de Madrid.

El programa definitivo, que contará con la presencia de los ponentes invitados Tim Carter (Universidad de Carolina del Norte); Valeria De Lucca, (Universidad de Southampton) y Juan José Carreras (Universidad de Zaragoza), se desarrollará en torno a las siguientes sesiones y participantes:

  • Martes 24
    • Conferencia inaugural de Tim Carter (University of North Carolina) con el título “In search of “American opera”: Lessons from the Broadway stage”
    • Sesión 1: “Géneros difusos”, con María Nagore (UCM),  Mascha van Nieuwkerk (University of Amsterdam), Rosana de Moraes Marreco y Aline Gallasch-Hall de Beuvink (Universidad de Lisboa), Zoila Martínez Beltrán (Universidad Complutense) y Enrique Encabo (Universidad de Murcia)
    • Sesión 2: “La difícil encrucijada de los términos”, con Tobías Brandenberger (Universidad de Gotinga), Sonja Jüschke (Goethe-Universität Frankfurt), Andrea García Torres (Universidad de Oviedo), Miguel Ángel Ríos Muñoz (Universidad Complutense), Nuria Blanco (Universidad de Oviedo) y Andrea Bombi (Universidad de Valencia)
  • Miércoles 25
    • Conferenciante invitado Juan José Carreras (Universidad de Zaragoza): “Ópera nacional / ópera española: el caso español en su contexto
      europeo a mediados del siglo xix”
    • Sesión 3: “Ópereta y musical: intersecciones”, con Álvaro Torrente (UCM), Javier Albo (Georgia State University), John Graziano (City University of New York), Gonzalo Fernández Monte, Paul Laird (Kansas University)
    • Sesión 4: “Géneros en movimiento”, con Víctor Sánchez (UCM), Enrique Mejías (Archivo SGAE/UCM), John Koegel (California State University, Fullerton), Virginia de Almeida Bessa (Universidade Sao Paulo) y  Antonio Soriano Santacruz (UCM)
  • Jueves 26
    • Conferenciante invitada Valeria de Lucca (University of Southampton): “What’s in a label? Operetta in Italy”
    • Sesión 4: “¿Zarzuela u ópera cómica?”, con Pilar Espín (UNED), Isabelle Porto (Université de Tours), Ramón Sobrino y Encina Cortizo (Universidad de Oviedo), Judith Ortega (ICCMU-UCM), Cristina Roldán Fidalgo (Universidad Autónoma de Madrid),
    • Sesión 5: “Las fronteras de la ópera”, con Francesco Izzo (University of Southampton), Livio Marcaletti (Universidad de Viena), Michael Burden (University of Oxford), Anna Stetsenko (Universidade Sao Paulo) y Katherine Hambridge (Durham University).

El Congreso está dirigido por Álvaro Torrente (Instituto Complutense de Ciencias Musicales); Víctor Sánchez (Universidad Complutense de Madrid) y M. Pilar Espín (Universidad Nacional de Educación a Distancia).

Mas informaciónCongreso Internacional “Géneros de música teatral: más allá de las etiquetas”

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Congreso Internacional “Géneros de música teatral: más allá de las etiquetas”

ICCMU CONGRESO ACROSS LABELSLos días 24 al 26 de abril de 2018 se celebrará, en el Teatro Real de Madrid, el Congreso Internacional “Géneros de música teatral: más allá de las etiquetas” , como resultado de dos proyectos de investigación coordinados por el ICCMU: MadMusicEspacios, géneros y públicos de la música en Madrid, ss. XVII-XXMuTeMúsica teatral en España: géneros, continuidades e interacciones (1680-1914).

A falta del programa definitivo (que estará disponible a finales de enero), además de la presencia de los expertos Tim Carter (Universidad de Carolina del Norte); Valeria De Lucca, (Universidad de Southampton) y Juan José Carreras (Universidad de Zaragoza), que ofrecerán ponencias relacionadas con la terminología, intertextualidad, intersecciones y divergencias entre los géneros, se podrán escuchar comunicaciones en torno a la lexicología, intertextualidad sincrónicas y diacrónicas entre los distintos géneros, imbricación e interacción de los aspectos literarios y musicales, asimilación cultural de géneros teatrales y convergencia de diferentes tradiciones dramáticas, análisis de los puntos clave de la configuración dramática o los géneros teatrales madrileños, entre otros temas.

El Congreso está dirigido por Álvaro Torrente (Instituto Complutense de Ciencias Musicales); Víctor Sánchez (Universidad Complutense de Madrid) y M. Pilar Espín (Universidad Nacional de Educación a Distancia).

Mas información e inscripcionesCongreso Internacional “Géneros de música teatral: más allá de las etiquetas”

 

Los archivos de compositores y de editoriales del ICCMU

Logo ICCMUEl Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU) ha transformado su web y ha aprovechado para ofrecernos información sobre cuatro fondos musicales que atesora. Se trata de los archivos personales de los compositores Jacinto Guerrero (1895-1951) -una parte del, encontrándose otra parte en la Fundación Jacinto e Inocencia Guerrero– y Francisco Alonso López (1887-1948), de quienes el ICCMU conserva autógrafos, bocetos y apuntes, música impresa, materiales para orquestina y para banda, particellas y libretos.

Otros dos importantísimos fondos son los de editoriales Vidal Llimona y Boceta Unión Musical Española, la más importante editorial española que fue absorbiendo a los diferentes editores del país y por tanto sus catálogos y en ocasiones incluso sus documentos administrativos. (1).

La documentación, la propia de la actividad comercial y editora de estas empresas: partituras manuscritas e impresas, materiales de orquesta, libretos, métodos,  libros y documentación diversa. En el caso de la U.M.E., el fondo contiene 20.000 partituras de música comercializada en España desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del XX.

Los fondos de Jacinto Guerrero, de Francisco Alonso y de la Unión Musical Española ya está catalogados y digitalizados, y el de Vidal Llimona y Boceta se encuentra en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid para su catalogación y estudio.

(1) Para saber más sobre la transmisión de fondos de las editoriales que conformaron finalmente el archivo Histórico de la Unión Musical Española, nada mejor que la introducción de Archivo histórico de la Unión Musical Española: partituras, métodos, libretos y libros. Yolanda Acker (ed.). Madrid:  Sociedad General de Autores y Editores, 2000, realizada por  José Carlos Gosálvez, referente en el estudio de la edición musical en España y autor de diversas publicaciones de esta temática. 

Reacciones al artículo de Público contra Emilio Casares y el ICCMU.

No se han hecho esperar las reacciones en contra del artículo que el periódico Público lanzó el pasado día 27 de julio, en relación a la supuesta atribución de la autoría de “La Revoltosa” por parte de Emilio Casares, quien ha realizado un arreglo de dicha zarzuela, editada por el ICCMU. En los comentarios que que algunos lectores de este blog realizaron tras el artículo, ya se tocaron algunos puntos de la misiva que 22 profesores e investigadores de Musicología de la UCM han enviado al periódico en cuestión explicando algunos conceptos y pidiendo rectificación. Esta carta está disponible en un documento de Google Docs accesible, de momento, desde el perfil del Departamento de Musicología de la UCM en Facebook y que transcribo a continuación:

Distinguido Sr.:

El pasado 27 de julio, en el periódico que Vd. dirige, apareció un artículo titulado “La SGAE se queda con ‘La revoltosa’ y se olvida de Chapí”. La idea primordial de ese artículo es que Emilio Casares, director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), edita con su nombre obras musicales españolas del pasado que ya no generan derechos de autor, y gracias a esas ediciones cobra unos derechos a los cuales no está moralmente autorizado; según el artículo, además, el ICCMU tiene un monopolio que obliga a alquilar sus partituras.

Responder a esto ocuparía un espacio muy extenso y la respuesta sería, nos tememos, demasiado técnica. Por eso queremos hacer solamente algunas puntualizaciones muy breves y sencillas.

Traducir un libro, traducir una obra de teatro o adaptarla para su interpretación sobre el escenario, preparar todos los materiales musicales de una obra del pasado para que en pocas horas de ensayo toda una orquesta sinfónica sea capaz de reproducirla son tareas muy arduas. Tan arduas que a ellas tradicionalmente se les ha asignado un papel muy cercano al de la creación original, pues una traducción, una versión teatral o una edición de música son el último eslabón en la cadena creativa, son lo que llega al consumidor, y por ello es fundamental que sean un trabajo que no desmerezca de la calidad de la obra original.

Por otra parte, si un lector quiere leer el original en lugar de la traducción, puede hacerlo sin ningún problema. Si un director de teatro quiere hacer su propia traducción o adaptación de una comedia, nadie le impide hacerlo. Si un director de orquesta prefiere consultar los materiales originales u otras ediciones, lo puede hacer muy libremente. Es decir: publicar una edición musical, una traducción o una adaptación no obliga a nadie a emplear esa y únicamente esa edición, traducción o adaptación.

En resumen: si un director musical decide no utilizar los materiales del ICCMU para montar una zarzuela, lo puede hacer con total libertad. Puede utilizar los manuscritos originales, puede realizar él mismo su edición a partir de esos manuscritos, puede reelaborar y cambiar todo cuanto quiera. Y puede tal vez registrar esos cambios y reelaboraciones, y cobrar como coautor o como autor de la reelaboración. La edición del ICCMU es una opción que está a la mano pero que de ninguna manera es de uso obligatorio. Es rotundamente falso que el ICCMU tenga el monopolio sobre esas obras. El “subterfugio legal” del que habla el Sr. Escolar no es sino la trasposición del artículo 5 de la directiva europea 93/98/EEC, que prevé que las ediciones críticas y científicas generen derechos de autor por un plazo de 30 años.

Creemos que el artículo del Sr. Escolar presenta un panorama muy alejado de la realidad. En él leemos que el ICCMU es “un centro de investigación público sin ánimo de lucro, participado por la SGAE”. Nos parece que en estos momentos en que se ha cuestionado tanto la actividad de la SGAE (asunto totalmente ajeno a esta nota), escribir un artículo sobre el ICCMU en el que se le pretende vincular a los presuntos abusos de la SGAE es una manera demasiado fácil de asegurarse el éxito entre un cierto tipo de lectores, sin que importe si una institución como el ICCMU o su director queden, en la idea de muchos de ellos, infamados para siempre.

El ICCMU, como ya su nombre lo indica, depende de la Universidad Complutense de Madrid. Tiene su sede en el Palacio de Longoria, tan tristemente célebre en las últimas tres semanas. Ha publicado centenares de libros relacionados con la música española, es el editor de algunas revistas fundamentales para la comprensión de nuestra historia musical y ha publicado el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana y el Diccionario de la Zarzuela. Toda esa vasta labor editorial no es, desde luego, de obligatoria lectura. Sin duda, mucha gente la desconoce. Pero como toda empresa editorial, el ICCMU genera derechos de autor que son legítimos y que sólo pagan quienes se benefician de su actividad.

Sr. Director de Público: los abajo firmantes, profesores e investigadores del Departamento de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid, no tenemos la menor duda de que publicará Vd. esta carta, pues estamos seguros de que la libertad de expresión es uno de los valores del periódico que Vd. dirige.

(Firmado: 22 profesores e investigadores de Musicología de la UCM)

La SGAE se queda con ‘La Revoltosa’ y se olvida de Chapí

Fuente: Público.es

Cada vez que alguna orquesta en el mundo interpreta “La Revoltosa”, de Ruperto Chapí, hay un autor que cobra. No es el maestro Chapí, que murió hace ya 102 años, ni los creadores del libreto de esta famosa zarzuela: Carlos Fernández Shaw y José López Silva, también muertos. Tampoco sus herederos: esta obra, en teoría, ya está en el dominio público y no debería generar derechos de autor. El “compositor” vivo de La Revoltosa, el único que aún cobra derechos, nació más de medio siglo después de que esta zarzuela se estrenase. Se llama Emilio Casares Rodicio y tiene su despacho en el sótano del palacio de Longoria, en la sede de la SGAE en Madrid.

Emilio Casares es el director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), un centro de investigación público sin ánimo de lucro, participado por la SGAE, que se dedica a reeditar y recuperar viejas obras del patrimonio musical español. En la práctica, el ICCMU tiene el monopolio de gran parte de las partituras de las que se nutren las orquestas y los teatros porque es el único que accede a los archivos de la SGAE. Cada vez que una orquesta quiere interpretar alguna obra clásica española, tiene que pasar por sus partituras, que se alquilan para cada función.

El Teatro de la Zarzuela pagó 20.000 euros por La Revoltosa

Casares no sólo tiene a su nombre la partitura de La Revoltosa, de Chapí. También aparece como “autor” -según la propia base de datos de la SGAE, que se puede consultar en Internet- de otras zarzuelas del siglo XIX como “Pan y toros”, “Mis dos mujeres” o “Los diamantes de la corona”, compuestas por Francisco Barbieri; o “La viejecita”, de Manuel Fernández Caballero.

En teoría, todas estas zarzuelas están libres de derechos. Según la ley española, a los 80 años de la muerte del autor, la obra pasa al dominio público. Este plazo de 80 años rige igual para cualquier creación, sea un libro, un drama teatral o una zarzuela. No hay que pagar derechos, por ejemplo, por reeditar a Cervantes o por interpretar una obra de Lope de Vega.

Sin embargo, la ley permite reelaborar versiones sobre obras ya creadas y estas reediciones generan nuevos derechos de autor durante 25 años más. La ley no obliga a que la versión sea muy diferente de la original. Basta con cambiar tres notas, o una simple coma, para que, a efectos legales, sea una obra nueva por la que se puede volver a cobrar.

La ley permite registrar versiones casi idénticas de obras ya libres

Por medio de este subterfugio legal, la SGAE sigue recaudando a través de las partituras que elabora el ICCMU por zarzuelas del siglo XIX que ya han pasado al dominio público. También cobran derechos los nuevos “autores”: los que firman esas nuevas versiones que, técnicamente, el ICCMU llama “ediciones críticas”.

Esta práctica que permite burlar la extinción del derecho de autor no es exclusiva de la SGAE. Sucede algo similar con gran parte del repertorio de ópera. En teoría, las óperas de Rossini o las sinfonías de Mozart son libres. Pero sus partituras no lo son.

Según Emilio Casares, la función del ICCMU no es perpetuar el derecho de autor de estas obras sino permitir que se interpreten: “La zarzuela se tocaba a partir de ediciones de canto y piano, no había ni una partitura de orquesta de zarzuela hasta 1992, cuando hicimos en el instituto la primera”. Casares justifica que se cobre derechos de autor por estas ediciones críticas “porque así lo dice el artículo 128 de la ley de la Propiedad Intelectual”. “Yo no veo maldad en esa ley, me parece una ley positiva. Creo que es de justicia que se cobren derechos durante 25 años porque recuperar esas partituras es un trabajo de chinos. La edición crítica tiene la misma función que preservar una catedral, o un códice”, asegura Casares. Según sus datos, alrededor del 80% de las partituras que recuperan no están en el dominio público. “Negociamos con los herederos para que cedan un porcentaje de entre el 10% y el 20% al instituto, a la editorial y al autor de la edición crítica. En el caso de que sea una obra que estén en el dominio público, el 40% es para la editorial, el 30% para el autor y el 30% para el instituto”.

Las nuevas reediciones cobran derechos durante 25 años más

En el caso de La Revoltosa, por ejemplo, el último de sus tres autores en morir fue José López Silva, que falleció en Buenos Aires en 1925. A los 80 años, en el 2005, esta zarzuela pasó a dominio público. La edición crítica de Casares es del año 2006.

Los cambios que incluye esta edición crítica de La Revoltosa son prácticamente indistinguibles del original. Concretamente, Casares suprime las articulaciones de notas picadas en trompetas y trombones del preludio -seis notas en total-, pone entre corchetes tres compases y añade la nota fa a la partitura del oboe en el compás 325. Gran parte de estas modificaciones están ya registradas en la versión de La Revoltosa que grabó el director de orquesta Ataulfo Argenta en 1951. Para cualquier oído, sea experto o no, las diferencias son prácticamente imposibles de encontrar al escuchar la obra.

El 10% de la taquilla

Si Casares hubiese elaborado su edición crítica antes de que La Revoltosa pasase a dominio público, habría tenido que compartir los derechos que generase su adaptación con los herederos de los autores de esta zarzuela. Al hacerlo después, todo lo que recaude esa partitura es para él y para su editor, que es la empresa Arteria Promociones Culturales SL: una de las sociedades con ánimo de lucro del entramado de la SGAE, según figura en el propio archivo de SGAE. “Es un error informático”, asegura Casares. “La verdadera editora es la Fundación Autor”.

Al año siguiente de que Casares registrase su edición crítica de La Revoltosa, el Teatro de la Zarzuela de Madrid cerró su temporada lírica con la representación de esta obra. Fue durante un mes: del 22 de junio al 22 de julio de 2007. Los herederos de Chapí no vieron un euro de aquella representación. Sí cobraron, mientras tanto, Emilio Casares y la SGAE, a través de su editorial. Según el Ministerio de Cultura, el Teatro de la Zarzuela pagó por La Revoltosa 4.071 euros por el alquiler de las partituras y otros 19.826 euros por los derechos de autor, sólo por estas representaciones.

Caballé: “Los impuestos de la SGAE sobre la zarzuela son altos”

Los precios por los derechos y las partituras que se pagan por las zarzuelas han provocado quejas, incluso por parte de artistas de renombre, como Montserrat Caballé. “Fuera de España, siempre me gusta incorporar una parte de zarzuela; sin embargo, en muchas ocasiones resulta imposible porque se dice que los impuestos de la SGAE sobre los autores españoles son muy elevados”, denunciaba Caballé en una entrevista el año pasado en el diario El Comercio. “Me acaba de ocurrir en el Carnegie Hall, de Nueva York. Yo me enfadé mucho, pero no es nada nuevo. Se quejan igual en Viena o en Berlín”.

Además de Emilio Casares, otros muchos autores han estado registrando ediciones críticas de viejas zarzuelas por encargo del ICCMU. En su caso, es más relevante porque es Casares quien encarga estos trabajos, a través del instituto que dirige. “Sería una inmoralidad que no hiciese ninguna edición crítica”, argumenta Casares. “Tengo que hacer alguna porque si no dirían que soy un caradura que no sé hacer ese trabajo”.

El objetivo inicial de ese proyecto era recuperar partituras que estaban muy deterioradas. En muchas de esas obras, la versión crítica está más justificada porque el compositor que restaura la partitura tiene que reconstruir, literalmente, algunos fragmentos perdidos cotejando distintas versiones. Sin embargo, tienen menos sentido las ediciones críticas de las obras más famosas de Chapí o Barbieri, que nunca han dejado de interpretarse y cuyas partituras estaban perfectamente conservadas.

Irónicamente, uno de los fundadores de la SGAE, en 1899, fue el maestro Chapí.

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