Ponencia: “Música y Documentación musical en los medios”, de Laura Prieto

Hay muchísimas teorías acerca del nacimiento de la música. Algunas nos dicen que la música nace de la mera imitación de los sonidos de la naturaleza; otras, que es un fenómeno físico-matemático como tantos otros que nos ofrece esa misma naturaleza. Si nos elevamos un poco más hacia las alturas, oiremos hablar de esa ‘armonía de las esferas’ pitagórica sobre la que luego se ocuparía profusamente Platón y que no pocas referencias mitológicas mencionan como origen del universo. Quienes hayan leído El Silmarilion, de Tolkien, encontrarán allí un desarrollo muy detallado de la creación del universo mediante la armonía de las esferas y no podemos olvidar que Tolkien bebió de las mitologías centroeuropeas para crear todo ese mundo que gira en torno a El Señor de los Anillos.

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Si bien la causa primera de la aparición de la música es, a día de hoy, indemostrable, sí podemos demostrar la realidad de su existencia a través de los restos arqueológicos, por ejemplo, un conjunto de dos flautas cuya antigüedad ha sido datada hace unos 34.000 años, aunque se sostiene que el hallazgo en Eslovenia de una flauta con dos orificios datada hace alrededor de 50.000 años es el vestigio más antiguo de instrumento musical, más allá de otras evidencias que no han podido ser fehacientemente demostradas, como es el caso que afecta a los instrumentos de percusión, si bien se cree que los golpes con las manos y los pies son los primeros mecanismos de percusión y así lo sugieren algunas representaciones pictóricas encontradas.
Con todo ello, podemos concluir que ya en el Paleolítico se constata la presencia de la música no sólo como una prolongación del lenguaje sino con un desarrollo intencional de herramientas apropiadas para su ejecución.
A partir de aquí, ese objetivo comunicador y esa intencionalidad concreta, no han dejado de estar presentes en la historia de la música hasta llegar a nuestros días. La música ha sido siempre un arte un tanto enigmático pero también se ha sabido de siempre que su influencia en el espíritu humano era y es una realidad. No hay más que observar con cuánta profundidad ha calado en nuestra historia la idea del poder de la música, hasta el punto de que hoy tenemos en pleno vigor disciplinas como la musicoterapia –un concepto que ya estaba en Pitágoras, Platón y  Aristóteles- o como el uso de la música en distintas técnicas de venta y publicitarias.
Naturalmente, ese poder de la música no podía pasar desapercibido para los medios de comunicación, no se podía dejar de lado su capacidad de comunicar y de influir sobre los estados de ánimo. Por razones obvias no se podía hacer uso de ello en los medios escritos, pero nada impedía, sino todo lo contrario, que la música se utilizara en medios de naturaleza
íntegra o parcialmente sonora, esto es, en la radio y en la televisión y, más modernamente, en ese inmenso canal que es internet.
El primer medio con tintes íntegramente sonoros es la radio. La radio nace en 1920 y llega a España a finales de 1923. La primera idea de programación que se pone en juego entonces pivota sobre dos ejes fundamentales que, por cierto, se han mantenido en el tiempo: la información meteorológica –daba servicio a las gentes del campo y del mar- y breves noticieros, y los espacios musicales y de divulgación cultural, a la que van uniéndose paulatinamente los deportes y los toros. De todo, la música es la que cobra un protagonismo mayor, especialmente en lo que concierne a la música clásica, que ocupa un importantísimo hueco enesa programación, emitiéndose conciertos en directo, desde las salas, por un lado, y desde los propios estudios de las emisoras. Tan fuerte es la conexión entre música y radio, que las emisoras tuvieron músicos en plantilla para que se pudieran emitir conciertos desde los estudios. No fue en absoluto un hecho aislado o puntual de algunas emisoras, sino un fenómeno en el que participaron, si no todas, sí la mayoría de las radios que se pusieron en pie por aquel entonces. Y es en esta práctica donde se encuentra el origen de esas orquestas y coros de las radio televisiones de todo el mundo que todavía hoy siguen en plena vigencia y cuya existencia, incluso necesidad, nadie, o casi nadie, se cuestiona. Unión Radio –nuestra primera emisora con programación estable, que empieza en 1925- tuvo sus agrupaciones instrumentales y vocales trabajando a pleno rendimiento.
Radio Nacional de España empezó con su famoso Cuarteto Clásico y ahí está el germen de la actual Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE. La BBC, por ejemplo, mantiene varias orquestas en territorio británico, y lo mismo puede decirse de las emisoras públicas alemanas vinculadas a cada estado.
Es cierto que con el correr del tiempo estas agrupaciones musicales dejan el ámbito privado y se mantienen al amparo de las emisoras públicas, y ello obedece a seguir dando cumplimiento a ese servicio público al que obliganlas legislaciones de los respectivos países.

Ponencia de Laura  Prieto dentro del IX Coloquio Internacional de Ciencias de la Documentación, celebrado el pasado mes de abril por Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Salamanca.

Fuente: Universidad de Salamanca

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Conclusiones del foro sobre Documentación Musical en Fesabid 2011

El viernes finalizaron las XII Jornadas Españolas de Documentación Fesabid 2011, que se celebraron junto a la conferencia EBLIDA-NAPLE 2011 y las XVI Jornadas Bibliotecarias de Andalucía. De los días 25 a 27 de mayo se han reunido más de 600 asistentes, más de 90 intervinientes en las mesas de los diferentes foros sectoriales y talleres profesionales y 15 ponentes internacionales, todo ello en seis salas diferentes del Palacio de Ferias y Congresos de Málaga, simultaneando a lo largo del día 35 actividades profesionales de bibliotecas, archivos y centros de documentación de diferentes ámbitos.

Pio Pellizzari

Pio Pellizzari, director de la Swiss National Sound Archives. Foto: swissinfo.ch

Uno de esos foros sectoriales ha sido el dedicado a la situación profesional del documentalista musical. Organizado por AEDOM,estuvieron presentes en la mesa Pio Pellizzari, vicepresidente de la Asociación Internacional de Archivos Sonoros y Audiovisuales (IASA), Federica Riva, presidente de la rama en Italia de la IAML, Reynaldo Fernández Manzano – Director del Centro de Documentación Musical de Andalucía, Laura Prieto Guijarro, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, moderados por José Luís Maire, vicepresidente de AEDOM.
El primer dato a destacar de este foro profesional fue la escasa asistencia de público. Ya se ha dicho que en las Jornadas de Fesabid se simultaneaban diferentes talleres y foros sectoriales, lo que permitía elegir acudir a la sala que tratara el tema de  interés de cada uno. En cuanto a esta sesión, podría decirse que ha sido de las que menos asistencia ha presentado, y no precisamente por la poca calidad de los participantes en ella. ¿Por qué? ¿Ha habido poca difusión de esta mesa de expertos, o es que realmente este campo especializado de la documentación interesa poco?   ¿Está la documentación musical más próxima a los estudios de Musicología que a los de Documentación, se entiende más en ese contexto? Quizás –o todavía-  si. De hecho, esa ha sido una de las conclusiones que se pudo sacar en claro de las diferentes intervenciones y del debate posterior.
En primer lugar, Laura Prieto apuntó algo que ya conocemos los que nos interesamos por la gestión de los fondos musicales: la poca oferta universitaria en cuanto a materias de documentación musical, dándose una gran parcialidad en la enseñanza que siempre suele ser optativa. Propone varias posibilidades para formar especialistas (master, posgrados, proporcionar herramientas al documentalista…) y considera que los conocimientos musicales son imprescindibles, como es obvio. El tema quizás esté en cuál debe ser ese nivel. Para Laura Prieto, el que da una titulación en musicología.
Para Pio Pellizzari y Federica Riva, la calidad de un documentalista musical, o audiovisual, o de documentación sonora, reside en la formación -que no necesariamente tiene que haber pasado por los estudios de documentación- o especialidad en un tema concreto. No recuerdo los datos concretos –decir que estas dos intervenciones fueron íntegramente en italiano- pero hablaba de de una mujer que durante años se había encargado de organizar un importante festival de rock de una ciudad, y que hoy por hoy era quien catalogaba la música  de este género en la Fonoteca Nacional Suiza.

La ponencia de Pellizzari se basó en un planteamiento esquematizado y muy claro: de qué tiene necesidad nuestro servicio de información   y definir el perfil que desea para dar ese servicio (conocimientos generales, bibliotecarios, musicales y tecnológicos). Presentó un “Planning matrix”: diversos perfiles porofesionales, con los roles que ya tienen hoy por hoy y con las competencias que cubre cada perfil, y dónde se puede adquirir la formación necesaria para ello. Pellizari no perdió de vista varias consideraciones: que el mundo bibliotecario cambia constantemente (perfiles, exigencias profesionales, técnicas, exigencias del público, tecnologías…), que las asociaciones profesionales deben estar cerca de  bibliotecas y archivos musicales/conservatorios, así como ofrecer un programa de formación contínua e incluso presentarse  como partner de escuelas y universidades Además, no hay que dejar de desarrollar técnicas (habló del FRBR http://www.frbr.org/)  e incluso tratar de establecer una colaboración internacional mediante intercambio de personal y conferencias, seminarios, cursos temáticos de verano…
Todos, eso sí, coincidieron en la importancia de formar personal especializado en estos materiales. Reinaldo Fernández-Manzano destacó el intento tímido que la Universidad de Granada trata de llevar a cabo con su máster en Historia y Ciencias de la Música -sabemos que no es el único máster en España de estas características, pero en ellos se aprende a manejar las herramientas de tratamiento documental de de forma más bien superficial, y Francesca Riva trató el tema de las vías que en Italia existen para formar  especialistas en bibliotecas musicales.

El debate posterior también fue interesante. Entre el público, como digo escaso pero también de calidad, había representantes del Centro de Documentación de Música y Danza del INAEM, de la Fonoteca Nacional de Catalunya y del Centro de Documentación Musical de Andalucía. De esta parte de la sala, las opiniones eran similares –necesidad de especialización en los centros universitarios y conservatorios- pero con matices: la documentación musical y sonora es una muy buena salida laboral para una persona con estudios de Biblioteconomía y Documentación y musicales de grado profesional, que no haya pensado en dedicarse a la investigación, composición o interpretación,  y de entre ellos se puede encontrar perfiles  muy capaces de gestionar fondos musicales. Es decir, habría que dejar de pensar que sólo los musicólogos tienen la capacidad de dedicarse a estos menesteres (y anoto que quien transmitía esta opinión al resto era un musicólogo)

También es cierto que dependerá del nivel que, por ejemplo, se desee de la descripción de un documento, sobre todo cuando hablamos de cantorales o música antigua. ¿Equipos multidisciplinares documentalista-musicólogo? Esa es una buena combinación que hoy por hoy se viene dando según las necesidades del centro o servicio de información. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que un documentalista, archivero o bibliotecario musical en principio no se dedica a investigar, sino a describir los documentos para que otros –los musicólogos- los recuperen y hagan sus investigaciones con ellos.

A la observación unánime de la poca oferta académica, se lanzó la propuesta de que AEDOM podría intentar estar más en contacto con Facultades y Escuelas de Documentación para intentar conseguir que existiera más contenido en los estudios de grado para formar especialistas en documentos musicales. Todos los allí presentes sabemos que, hoy por hoy, no hay ningún lugar en el que un estudiante pueda acabar la carrera especializado en este ámbito o al menos con una formación aceptable para enfrentarse a estos materiales especiales.

La mesa redonda se alargó casi una hora más del horario previsto de finalización, al ser pocos y bien avenidos esta charla parecía casi más una conversación entre colegas de profesión con los mismos intereses e inquietudes. Esperaremos al próximo número del Boletín de Aedom para leer, en forma de dossier extra, las aportaciones de esta sesión.   De momento, se pueden consultar en la web de Fesabid 2011 las conclusiones generales de las Jornadas, que son pefectamente extrapolables casi en su totalidad  a la situación del profesional de las bibliotecas y archivos musicales: fomentar el asociacionismo, mejorar la conexión Universidad/Servicios de información/ Asociaciones, incrementar la presencia y el reconocimiento social de los profesionales de la información, buscar la cooperación, adaptarse a las nuevas necesidades de información surgidas con las tecnologías…

Las Jornadas han dado mucho más de sí al margen de este foro profesional, y todas tan interesantes como el tema del documentalista musical:  se ha hablado de la información en el contendio audiovisual, de archivos de televisión y del perfil de sus profesionales, del proyecto presentado en marzo en México para crear una Red de Bibliotecas de Filmotecas Iberoamericanas,  del uso del podcasting sonoro para el fomento de la lectura… Espero que las intervenciones estén pronto disponibles para poder compartirlas con todos vosotros.

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