Conclusiones del foro sobre Documentación Musical en Fesabid 2011

El viernes finalizaron las XII Jornadas Españolas de Documentación Fesabid 2011, que se celebraron junto a la conferencia EBLIDA-NAPLE 2011 y las XVI Jornadas Bibliotecarias de Andalucía. De los días 25 a 27 de mayo se han reunido más de 600 asistentes, más de 90 intervinientes en las mesas de los diferentes foros sectoriales y talleres profesionales y 15 ponentes internacionales, todo ello en seis salas diferentes del Palacio de Ferias y Congresos de Málaga, simultaneando a lo largo del día 35 actividades profesionales de bibliotecas, archivos y centros de documentación de diferentes ámbitos.

Pio Pellizzari

Pio Pellizzari, director de la Swiss National Sound Archives. Foto: swissinfo.ch

Uno de esos foros sectoriales ha sido el dedicado a la situación profesional del documentalista musical. Organizado por AEDOM,estuvieron presentes en la mesa Pio Pellizzari, vicepresidente de la Asociación Internacional de Archivos Sonoros y Audiovisuales (IASA), Federica Riva, presidente de la rama en Italia de la IAML, Reynaldo Fernández Manzano – Director del Centro de Documentación Musical de Andalucía, Laura Prieto Guijarro, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, moderados por José Luís Maire, vicepresidente de AEDOM.
El primer dato a destacar de este foro profesional fue la escasa asistencia de público. Ya se ha dicho que en las Jornadas de Fesabid se simultaneaban diferentes talleres y foros sectoriales, lo que permitía elegir acudir a la sala que tratara el tema de  interés de cada uno. En cuanto a esta sesión, podría decirse que ha sido de las que menos asistencia ha presentado, y no precisamente por la poca calidad de los participantes en ella. ¿Por qué? ¿Ha habido poca difusión de esta mesa de expertos, o es que realmente este campo especializado de la documentación interesa poco?   ¿Está la documentación musical más próxima a los estudios de Musicología que a los de Documentación, se entiende más en ese contexto? Quizás –o todavía-  si. De hecho, esa ha sido una de las conclusiones que se pudo sacar en claro de las diferentes intervenciones y del debate posterior.
En primer lugar, Laura Prieto apuntó algo que ya conocemos los que nos interesamos por la gestión de los fondos musicales: la poca oferta universitaria en cuanto a materias de documentación musical, dándose una gran parcialidad en la enseñanza que siempre suele ser optativa. Propone varias posibilidades para formar especialistas (master, posgrados, proporcionar herramientas al documentalista…) y considera que los conocimientos musicales son imprescindibles, como es obvio. El tema quizás esté en cuál debe ser ese nivel. Para Laura Prieto, el que da una titulación en musicología.
Para Pio Pellizzari y Federica Riva, la calidad de un documentalista musical, o audiovisual, o de documentación sonora, reside en la formación -que no necesariamente tiene que haber pasado por los estudios de documentación- o especialidad en un tema concreto. No recuerdo los datos concretos –decir que estas dos intervenciones fueron íntegramente en italiano- pero hablaba de de una mujer que durante años se había encargado de organizar un importante festival de rock de una ciudad, y que hoy por hoy era quien catalogaba la música  de este género en la Fonoteca Nacional Suiza.

La ponencia de Pellizzari se basó en un planteamiento esquematizado y muy claro: de qué tiene necesidad nuestro servicio de información   y definir el perfil que desea para dar ese servicio (conocimientos generales, bibliotecarios, musicales y tecnológicos). Presentó un “Planning matrix”: diversos perfiles porofesionales, con los roles que ya tienen hoy por hoy y con las competencias que cubre cada perfil, y dónde se puede adquirir la formación necesaria para ello. Pellizari no perdió de vista varias consideraciones: que el mundo bibliotecario cambia constantemente (perfiles, exigencias profesionales, técnicas, exigencias del público, tecnologías…), que las asociaciones profesionales deben estar cerca de  bibliotecas y archivos musicales/conservatorios, así como ofrecer un programa de formación contínua e incluso presentarse  como partner de escuelas y universidades Además, no hay que dejar de desarrollar técnicas (habló del FRBR http://www.frbr.org/)  e incluso tratar de establecer una colaboración internacional mediante intercambio de personal y conferencias, seminarios, cursos temáticos de verano…
Todos, eso sí, coincidieron en la importancia de formar personal especializado en estos materiales. Reinaldo Fernández-Manzano destacó el intento tímido que la Universidad de Granada trata de llevar a cabo con su máster en Historia y Ciencias de la Música -sabemos que no es el único máster en España de estas características, pero en ellos se aprende a manejar las herramientas de tratamiento documental de de forma más bien superficial, y Francesca Riva trató el tema de las vías que en Italia existen para formar  especialistas en bibliotecas musicales.

El debate posterior también fue interesante. Entre el público, como digo escaso pero también de calidad, había representantes del Centro de Documentación de Música y Danza del INAEM, de la Fonoteca Nacional de Catalunya y del Centro de Documentación Musical de Andalucía. De esta parte de la sala, las opiniones eran similares –necesidad de especialización en los centros universitarios y conservatorios- pero con matices: la documentación musical y sonora es una muy buena salida laboral para una persona con estudios de Biblioteconomía y Documentación y musicales de grado profesional, que no haya pensado en dedicarse a la investigación, composición o interpretación,  y de entre ellos se puede encontrar perfiles  muy capaces de gestionar fondos musicales. Es decir, habría que dejar de pensar que sólo los musicólogos tienen la capacidad de dedicarse a estos menesteres (y anoto que quien transmitía esta opinión al resto era un musicólogo)

También es cierto que dependerá del nivel que, por ejemplo, se desee de la descripción de un documento, sobre todo cuando hablamos de cantorales o música antigua. ¿Equipos multidisciplinares documentalista-musicólogo? Esa es una buena combinación que hoy por hoy se viene dando según las necesidades del centro o servicio de información. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que un documentalista, archivero o bibliotecario musical en principio no se dedica a investigar, sino a describir los documentos para que otros –los musicólogos- los recuperen y hagan sus investigaciones con ellos.

A la observación unánime de la poca oferta académica, se lanzó la propuesta de que AEDOM podría intentar estar más en contacto con Facultades y Escuelas de Documentación para intentar conseguir que existiera más contenido en los estudios de grado para formar especialistas en documentos musicales. Todos los allí presentes sabemos que, hoy por hoy, no hay ningún lugar en el que un estudiante pueda acabar la carrera especializado en este ámbito o al menos con una formación aceptable para enfrentarse a estos materiales especiales.

La mesa redonda se alargó casi una hora más del horario previsto de finalización, al ser pocos y bien avenidos esta charla parecía casi más una conversación entre colegas de profesión con los mismos intereses e inquietudes. Esperaremos al próximo número del Boletín de Aedom para leer, en forma de dossier extra, las aportaciones de esta sesión.   De momento, se pueden consultar en la web de Fesabid 2011 las conclusiones generales de las Jornadas, que son pefectamente extrapolables casi en su totalidad  a la situación del profesional de las bibliotecas y archivos musicales: fomentar el asociacionismo, mejorar la conexión Universidad/Servicios de información/ Asociaciones, incrementar la presencia y el reconocimiento social de los profesionales de la información, buscar la cooperación, adaptarse a las nuevas necesidades de información surgidas con las tecnologías…

Las Jornadas han dado mucho más de sí al margen de este foro profesional, y todas tan interesantes como el tema del documentalista musical:  se ha hablado de la información en el contendio audiovisual, de archivos de televisión y del perfil de sus profesionales, del proyecto presentado en marzo en México para crear una Red de Bibliotecas de Filmotecas Iberoamericanas,  del uso del podcasting sonoro para el fomento de la lectura… Espero que las intervenciones estén pronto disponibles para poder compartirlas con todos vosotros.

Eugenio López-de-Quintana:”Facetas profesionales dentro de un todo: el entorno audiovisual”

Por Eugenio López-de-Quintana *
en Notas ThinkEPI 2011

Existe desde hace algún tiempo un debate abierto acerca de la necesidad de redefinir el perfil profesional de los gestores de información sobre los nuevos parámetros de accesibilidad y hábitos de consumo surgidos en torno a los contenidos digitales.

En estos planteamientos a menudo se hace evidente la dificultad de aplicar criterios comunes a los diferentes colectivos del sector en función del ámbito organizacional o temático en el que éstos desarrollan su actividad.

El debate es en última instancia identitario, y en este sentido el contexto laboral de determinados entornos institucionales, como pueden ser por ejemplo los de las bibliotecas públicas y académicas o el de los archivos históricos, contribuye a preservar la identidad original de los gestores de información al menos en su componente nominal, evidentemente sin renunciar a la evolución lógica de toda actividad profesional.

Sin embargo no ocurre así en otros ámbitos como por ejemplo en la documentación de empresa, donde las fronteras de la gestión de información están menos definidas y aún se diluyen más a medida que los documentos se van progresivamente desasociando de los soportes físicos, y donde la denominación de la categoría profesional es muy reciente y no tiene un carácter tan universal. Un estudio de la Special library association citado recientemente por Tomàs Baiget (2010) cifra en más de 2.000 los términos diferentes con los que sus socios se autodenominan.

Es preciso por tanto fragmentar por sectores estas reflexiones sobre el futuro de los profesionales de la información en nuestro país, analizar cuáles son los condicionantes específicos que marcan el cambio de tendencia en cada caso y, lo que es más importante, identificar qué requisitos profesionales demanda el mercado y adecuar los programas académicos y las necesidades de autoformación a esta demanda. Sólo de esta forma nuestro colectivo podrá escapar del plano teórico en la búsqueda de su nuevo rol a desempeñar dentro de las organizaciones y orientar la acción hacia la obtención y mejora del empleo.

Abordemos aquí el ámbito específico de los gestores de archivos audiovisuales.

El horizonte incierto de la producción audiovisual

En el sector de la documentación audiovisual los archivos de imágenes no se contemplan únicamente como reservas patrimoniales de la memoria histórica y cultural de un país, sino como activos de alto valor en la cadena de producción de contenidos digitales. De este modo, el entorno profesional de las filmotecas y archivos fílmicos se hace extensivo a todos los circuitos de la producción audiovisual, un ámbito industrial que está experimentando una profunda transformación sin precedentes y por tanto sin elementos de referencia.

El cambio alcanza de lleno a los tradicionales modelos de negocio, tanto en la producción y en la distribución de contenidos como en la obtención de fórmulas para garantizar el retorno de la inversión. En un escenario tecnológicamente nuevo y completamente digital, ya no existe una definición unívoca del sector o del mercado audiovisual, “y la proximidad conceptual entre contenidos y usuarios […] hace que cualquiera pueda producir y compartir con el resto del planeta sus creaciones o adaptaciones mediante dispositivos y servicios electrónicos baratos y de manejo sencillo (La industria audiovisual en España, 2010).

A esto se añade una forma de consumo no circunscrita a estructuras horarias prefijadas y favorecida por la extensión de las redes fijas y móviles de banda ancha, que hace de la explotación intensiva y multisoporte una exigencia ineludible para obtener un buen posicionamiento en un mercado de máxima fragmentación de audiencias y extinción de los monopolios de creación y distribución de contenidos.

En todo caso se constata el predominio absoluto del uso de imágenes en la comunicación y en la elaboración de mensajes, y en consecuencia el incremento sustancial en la demanda del consumo audiovisual. Cualquier colectivo profesional vinculado a la producción de estos contenidos se encuentra en una situación comparativamente ventajosa respecto a la de otros espacios de la industria cultural. Así lo demuestra el crecimiento en 2008 de un 13,5% de las productoras de televisión en España y un volumen de negocio de 700 millones de euros (Alás Brun, 2009), si bien sólo un grupo de 5 ó 6 compañías concentran gran parte del negocio y el resto es un universo muy atomizado de pequeños negocios con poca infraestructura y una dotación mínima en recursos humanos. Más de un 70% del volumen de negocio se concentra además en Madrid y Barcelona.

Según el informe citado sobre la industria audiovisual en España, este sector agrupa a 400 empresas independientes con un volumen de facturación anual de 2.088 millones de euros y más de 12.000 empleos directos, aunque el número de empresas que se dedican a contenidos digitales es de 3.400, con un volumen de empleo de 36.000 personas, según datos del 2008.

Considerando estos datos por su valor potencial de oferta de empleo para nuestro colectivo profesional de gestores de información, los números se quedan cortos si incluimos en el espectro todas las formas que podríamos denominar no convencionales de producción audiovisual. Sólo hay que pensar en los millones de páginas web que ofrecen contenidos multimedia como herramienta de visibilidad para sus respectivas organizaciones y no necesariamente con un ánimo comercial. Las noticias sobre el posible interés del portal Youtube (depositario en la actualidad de más de 25 horas diarias de vídeo de producción ajena subidas por minuto) en la producción de contenidos propios, resulta muy significativa

Sin embargo, lo que es importante señalar aquí es que se trata de un sector extraordinariamente fragmentado donde las especializaciones profesionales en el sentido tradicional tienen pocas expectativas de poder desarrollarse de forma independiente, y en el que por el contrario se valora la capacidad de ejecutar tareas multifuncionales.

Lamentablemente este no es a priori un escenario favorable para bibliotecarios, archiveros o documentalistas -utilizando la terminología tradicional-, que como expertos en gestión de información hemos circunscrito nuestras capacidades a la organización del conocimiento y a la búsqueda de información, pero nos hemos mostrado a menudo reticentes como colectivo a la creación de contenidos.

Además parece que tampoco la capacitación de otros colectivos tradicionalmente más involucrados en la producción audiovisual resulta suficiente para cubrir las necesidades que demanda un sector cuyos elementos de referencia han variado sustancialmente, y a nivel nacional la ausencia de profesionales cualificados es una carencia estructural aún por resolver.

En este entorno tan atomizado y cambiante las habilidades específicas en el manejo de herramientas y sistemas de producción no resultan suficientes. Se demanda además una visión global de la relación entre proveedores y consumidores de contenidos, conocimiento de las técnicas de marketing, y una especial disposición a la flexibilidad y a la capacidad de evolucionar al ritmo vertiginoso del sector

Construyendo un perfil de límites imprecisos

Si este mercado demanda perfiles profesionales polivalentes y flexibles, parece imposible subsistir sólo como colectivo profesional en la defensa de parcelas estancas de alta cualificación en gestión de información. Hay que pensar en un profesional poliédrico principalmente orientado a la producción de contenidos audiovisuales y en posesión de habilidades compartidas con otros profesionales que participan en el mismo ciclo productivo.

Algunos elementos de este nuevo perfil son ya conocidos. Es el caso de la especialización en búsqueda de imágenes del film researcher (López de Solís, 2007), que añade además un ingrediente a considerar como una fórmula contractual diferente a la del empleo por cuenta ajena; o la vertiente de la gestión de derechos (Barnuevo, 2009), que en muchos casos es tangencial a las labores de producción; o algunos de los contenidos que recoge Paloma Hidalgo refiriéndose a la formación de los profesionales de medios de comunicación (Hidalgo, 2007).

Pero también hay que abrirse a un enfoque más amplio según el cual el perfil profesional de los gestores de información que trabajan en la industria audiovisual podría no siempre estar exclusivamente -o incluso de forma predominante- formado por habilidades tradicionalmente asociadas con la gestión de información. Esta orientación supondría adaptar en cada caso el perfil profesional a la estructura organizativa y de recursos humanos de cada unidad de producción, pero no hay que olvidar el dato ya mencionado de atomización empresarial y la realidad ineludible de que una gran parte de las organizaciones no tienen la envergadura que permita una gran diversidad y especialización profesional. Las grandes cadenas de televisión nacionales autonómicas, escenario por excelencia de la práctica de la documentación audiovisual en los últimos años, no pueden ser tomadas como única referencia para el resto del sector.

Habrá por tanto que contemplar, coexistiendo con los perfiles profesionales que ya conocemos, una forma de ejercicio profesional como parte integrante de otra práctica profesional más amplia. O, lo que es lo mismo, renunciar a una identidad exclusiva para formar parte de una identidad múltiple orientada a la producción audiovisual. La proporcionalidad de cada uno de los elementos que conformen todo el especto de cualificación necesaria dependerá del tipo concreto de organización y producción en cada caso.

Un posible decálogo no exhaustivo de ámbitos temáticos en los que se demandarían habilidades para este nuevo perfil, combinables entre y sin orden de preferencia, sería el siguiente:

– Herramientas digitales de producción y edición de vídeo.
– Criterios y práctica en catalogación de imágenes, asignación y administración de metadatos corporativos.
– Derechos asociados al uso de imágenes y elementos multimedia.
– Ciclo de producción de contenidos digitales audiovisuales.
– Creación de contenidos y mensajes en formato audiovisual.
– Marketing, hábitos de consumo e interacción con el usuario.
– Sistemas y plataformas de distribución de contenidos digitales.
– Criterios de facturación y desarrollo de modelos de negocio.
– Conocimiento del mercado y de la competencia.
– Formas de organización del conocimiento y preservación digital.

Esto evidencia a primera vista la inadecuación de los programas académicos y de la oferta formativa en general para satisfacer la demanda laboral del mercado. En realidad hablamos de una carencia estructural y de solución compleja, ya que mientras la formación está fundamentalmente orientada a perfiles monográficos, la realidad empresarial demanda perfiles polivalentes.

A la espera de un reajuste entre oferta formativa y oferta de empleo, la única vía posible a corto plazo parece ser la autoformación. Pero siempre teniendo en cuenta que no existe en este momento una asimilación biunívoca entre titulación y oferta de empleo, y que una parte del ejercicio profesional en información audiovisual se desenvolverá en el territorio de la flexibilidad y la capacidad de adaptación en entornos de producción a su vez cambiantes y poco estables, pero con gran proyección de futuro.

Referencias bibliográficas

Alás Brun, Álvaro.Productoras audiovisuales: propiedad y contenidos (I). Navarra: Asociación Plaza del Castillo, 2008, 100 pp.

Alás Brun, Álvaro. Productoras audiovisuales: propiedad y contenidos (II). Navarra: Asociación Plaza del Castillo, 2009, 100 pp.

Baiget, T.Profesionales de la información: un futuro de oportunidades”, 2010.

Barnuevo Rocko, E.El documentalista en el entorno actual de los medios de comunicación audiovisuales como gestor de imágenes”. En XI Jornadas de gestión de la información: servicios polivalentes, confluencia entre profesionales de archivo, biblioteca y documentación. Madrid, 2009-11-19/20. Sedic. pp. 13-24.

Hidalgo Goyanes, P.La formación de los profesionales de la documentación en los medios de comunicación audiovisual. La colaboración universidad–empresa: la experiencia de TVE”. En: IX Jornadas de gestión de la información. Madrid, 22-23 noviembre 2007. Sedic. pp. 121-129.

La industria audiovisual en España. Escenarios de un futuro digital. Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión; EOI-Escuela de Organización Industrial: Madrid, 2010, 250 pp.

López de Solís, I.Nuevos perfiles profesionales en el mundo de la documentación audiovisual: el ‘researcher’”. En: IX Jornadas de Gestión de la Información. Madrid, 22-23 noviembre, 2007. Sedic. pp. 139-151.

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*Eugenio López de Quintana es Director de Documentación de Antena 3 Televisión desde 1989, presidente de Asociación Nacional de Información y Documentación (SEDIC), miembro del grupo Think Epi (http://www.thinkepi.net/) y pertenece al consejor asesor de las publicaciones “El Profesional de la Información”, “Educación y Biblioteca” y “Métodos de Información”

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