Congreso sobre Imprenta Musical: Crónica (y III)

“Prudencio Ibáñez ha sido un mal empresario”

Hoy ha sido clausurado el Congreso Internacional sobre Imprenta y edición musical en España (siglos XVIII-XX), con una jornada marcada por el homenaje a Prudencio Ibáñez, co-fundador, junto a Adolfo Álvarez, de la Editorial Alpuerto. Hubo, además, contenido acerca de la edición musical en Valencia, de manos de Jesús Piles, de la Editorial Piles y representante de la Asociación de Editores Musicales, y de Jorge García, presidente de AEDOM y jefe de documentación del Instituto Valenciano de la Música.

Torres-Ibáñez-Casares

Prudencio Ibáñez, en el centro, en el momento de su intervención, entre Jacinto Torres Mulas (a su derecha) y Emilio Casares (a su izquierda)

La Editorial Alpuerto, fundada hace ya casi 50 años, comenzó su andadura publicando música sinfónica de autores españoles vivos. Posteriormente amplía su catálogo con publicaciones de Pedagogía Musical, Musicología, Música Práctica y también de Arte y Literatura. Hoy en día es distribuidora exclusiva de las publicaciones de la Sociedad Española de Musicología (SEDEM), haciendo de Alpuerto un referente de la edición de música antigua en España.

Todos los ponentes coincidieron en destacar la gran humanidad y bondad de Prudencio Ibáñez, bondad que por otro lado hizo de el “un mal empresario”: el Sr. Ibáñez no tenía interés en editar grandes “best sellers” de la música, sino sólo aquellas obras que cultural y musicológicamente fueran dignas de ser publicadas. Así, su objetivo no era el comercial, el enriquecerse de esta actividad, sino la trascendencia cultural, el enriquecer un tejido intelectual en el mundo editorial.

Los cuatro ponentes (Jesús Piles, Manuel Angulo, Compositor y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Emilio Rey, de la Sociedad Española de Musicología y Ramón Alba, de la Asociación de Editores de Madrid) relataron todas y cada una de las actuaciones que el fundador de Alpuerto hizo por el bien de la edición y difusión de la música española: fomentar la visibilidad de las editoriales españolas en el extranjero a través de ferias como Musikmesse, en Frankfurt, o Tokio; representar el colectivo de editores en CEDRO, trabajar para la instauración del ISMN en España (a través del INAEM, negociaciones con Rtve, actuando como consejero de la música sinfónica española en la SGAE… Prudecio Ibañez tuvo una estrecha relación con la Sociedad Española de Musicología desde su creación, llegando a ofrecer sus propias oficinas en la editorial para que fueran utilizadas como sede de SEDEM, y ha editado prácticamente el 80% de los aproximadamente 30 números de la Revista de Musicología.

Finalmente, el turno de preguntas a los ponentes se transformó en una sucesión de confirmaciones de la calidad profesional y humana de Prudencio Ibañez por parte de muchos asistentes al Congreso que tienen la oportunidad de conocerlo personalmente.

“No se puede defender un patrimonio musical sin una fuerte industria editorial”

Para cerrar el congreso, hubo una mesa redonda acerca de la edición musical en España, presente y futuro, en la que Jacinto Torres moderó a Emilio Casares (Instituto Complutense de Ciencias Musicales), Reynaldo Fernández Manzano (Centro de Documentación Musical de la Junta de Andalucía), el propio Prudencio Ibáñez y Jesús Piles.

En opinión de Emilio Casares, el editor musical no debe tener miedo de corregir, completar, modernizar la notación de las partituras, haciendolo constar, con el fin de  permitir una buena ejecución, que es el fin último de la investigación musicológica. esta edición debe ser llevada a cabo por musicólogos con conicimientos musicales -algo que pareciera evidente, pero que según Emilio Casares se trata cada vez más de una “rara avis” , y de músicos prácticos.

Para Prudencio Ibáñez, el autor musical necesita de una industria que permita la difusión de su obra. Según el editor, las orquestas españolas cuentan con un porcentaje muy bajo de compositores españoles en sus repertorios. Asimismo, piensa que las autoridades deberían destinar esfuerzos no sólo para las editoriales de música sino para la formación de estudiantes inculcando una cultura musical desde la infancia.

Reynaldo Fernández, hablando desde la perpectiva de un resposable de un centro de documentación institucional como es el Centro de Dcoumentación Musical de Andalucía, que tiene editorial propia, cree que “el problema de estos organismos estriba en el posible conflicto entre las editoriales institucionales y las privadas”, por una posible “competencia” en el mercado.

Con Jesús Piles, que habló en último lugar, Reynaldo coincidió en que el reto del futuro de las editoriales musicales está en internet. Piles se ocupó de hablar del devenir de la edición musical. Reflexionó acerca de los problemas que tenían los editores del siglo XVIII, tratados los días anteriores, y afirmó que no eran tan diferentes de los de los editores actuales: la selección de obras a editar y el enfrentarse a las nuevas tecnologías -de entonces y de ahora- de la edición. Por otro lado, toda la parte administrativa -licencias, contratos, subediciones…- seguirán igual sea cual sea la técnica empleada o el soporte (papel o digital), así como que para los temas de comunicación y difusión, los avances tecnológicos no aporta más que ventajas, algo que para el editor del XVIII al XX era un problema bstante importante el difundir su producción editorial. Para Piles, es imprescindible editar, ya que “lo que no se edita -aunque esté en la red- se queda en una nube”, de miles y millones de obras, buenas y malas, mejores y peores, en la que luego es muy difícil buscar nada.

En definitiva: un congreso interesantísimo y totalmente provechoso, en el que los que estamos todavía absorbiendo conocimientos hemos encontrado muchísmo que aprender, y en el que los profesionales e investigadores han podido continuar haciendo descubrimientos y encontrando puntos en común en las investigaciones de otros, intercambiando experiencias, amistades y contactos profesionales.

Espero con ganas que se publiquen las actas del Congreso, previstas para noviembre de 2011. Para entonces, si Papeles de Música continúa vivo y coleando, daré noticia de su publicación.

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Congreso sobre Imprenta Musical: Crónica (I)

Begoña Lolo y Gerhard Doderer

Estimados amigos:

Hoy ha tenido lugar la primera jornada del Congreso Internacional de Imprenta Musical del que ya os hablé en otro post. El comienzo ha sido interesantísimo, ofreciendo la ponencia inaugural Doña Mª Luisa López-Vidriero, responsable de la Biblioteca del Palacio Real, cuya historia y fondos nos detalló durante la primera media hora del Congreso. Posteriormente, moderados por el director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (INAEM), se cedió la palabra a Begoña Lolo, catedrática de Música y Musicología de la Universidad Autónoma de Madrid y co-directora del Congreso, la cual nos habó de la Imprenta de Música de José de Torres como modelo de desarrollo cultural y político en el s. XVIII. Del compositor y organista madrileño José de Torres nos habló de su concesión de “licencia y privilegio para la impresión de todo lo tocante a la música…” obtenida para diez años en 1700 y renovada varias veces, la cual permitió un monopolio decisivo en el desarrollo del arte musical, ya que con este privilegio se consiguió, entre otras cosas, establecer una imprenta fuerte en España, evitar que la edición musical se fuera al extranjero para así no perder recursos e impedir que se fueran las ganancias, así como fomentar el desarrollo económico exterior y considerarlo como una utilidad pública y bien social. Este impresor realizaba dos colecciones (tratados teóricos y partituras) en varios formatos (libros y pliegos sueltos) en tres tamaños diferentes (minor, medio y maior), enumerando Lolo las características de cada tipología documental. Pero no sólo imprimió libros y partituras musicales, también lo hizo con otros contenidos, como por ejemplo un Index Librorum Prohibitorum y un plano del orden de la Batalla de Almansa (1707), que muestra las posiciones y avances de los soldados. Lo curiosísimo de este plano consiste en la reutilización de tipos musicales para plasmar datos diversos: parte de pentagramas para indicar caminos, los símbolos del dedo señalando que aparecen en tratados de órgano para señalar la dirección de los soldados, ornamentos generales para representar las tropas, el calderón tipográfico (¶)… José de Torres fue, pues, músico, compositor y empresario editorial. Tras las concesiones de privilegios de 1700 y 1709, en 1719 se le prorroga de nuevo añadiendo además exenciones en los impuestos y tasas del papel, algo muy importante puesto que suponía un gasto muy elevado, y remodela la imprenta con nuevas y más cuidadas tipologías, introduce el cifrado, sistemas de repetición, calderones… otorgando a los papeles de música una calidad nunca vista anteriormente.

José de Torres arrenda la imprenta durante los últimos años de su vida, llegando a simultanearla tres impresores diferentes durante los años 1728 a 1730. Muere en 1738, vendiendo sus hijos la imprenta puesto que no habían seguido la tradición impresora de su padre.

Posteriormente, Gerhard Doderer, de la Universidade Nova de Lisboa, nos habló -en un perfecto castellano- acerca de la imprenta del poco estudiado  Jaime de Té y Sagau (Barcelona 1680-Lisboa 1736) en la corte del rey portugués Joao V.

Saraband. Feuillet

Tras la pausa para el café, se dió paso a una interesantísima comunicación de Mª José Ruiz Mayordomo, profesora de danza en el Conservatorio Superior de Madrid (aquí se puede leer una entrevista publicada en la revista digital de danza Eter.com en 2009) acerca de la producción de danza impresa en el siglo XVIII. Estos manuales contenían cuando menos, grabados con la posición inicial del danzante  o la pareja de baile más el texto explicando los diferentes pasos para bailar minué, contradanzas, rondos… otros, incluso aportaban grabados con la música y el trazado de los pasos de baile, como el libro de contradanzas orquestales. La imagen que acompaña este post, de un tratado de danza de Feuillet, dan una idea de cómo son estos manuales. Hubo excepciones, como el Manual Técnico Humorístico de Don Preciso, que no aportó ninguno de estos grabados por considerar que encarecían demasiado el libro, explicando los bailes sólo con texto.

Estos tratados se editaron en pequeños formatos, libros de mano -manuales-, y para el bolsillo de la casaca, para poder llevarlos consigo y consultarlos si era menester. Asimismo, se relaizaban encuadernaciones de distinta calidad y valor, de menor a mayor prestigio según el material y acabado, según fueran destinados a diferentes perfiles de compradores. Además, la danza fue considerada una de las tres artes liberales, junto con la equitación y el esgrima, que todo buen noble debía conocer y practicar. Por eso, en las bibliotecas particulares de este estamento no faltaban ejemplares dedicados al arte de danzar, con lo que la producción de estos métodos aumentó bastante.

Punzones, tampón y rodillo. Colección de Carlos Lugo Ureña.

Tras estas intervenciones, y antes de la comida, vivitamos la exposición Imprenta y edición en España: materiales, técnicas y documentos, a escasos metros de la sala de conferencias. Allí, proveniente de la colección de materiales de edición musical de Prudencio Ibáñez, de la Editorial Alpuerto y de la colección particular de Carlos Lugo Ureña, de tradición familiar dedicada a la copia y transcripción de partituras -actualmente realizadas con el software finale-, se hizo un recorrido a lo largo de dos siglos de técnicas de edición musical, empezando porlos tipos móviles, planchas, rodillo y tampón para

Letraset con claves de sol

punzones metálicos sobre “papel cristal”, la edad de oro de la edición musical en el siglo XIX, la revolución editorial de principios del XX con, por ejemplo, Casa Dotesio y la Unión Musical Española, la segunda mitad del XX con el sistema Offset -y algo muy curioso: letraset con símbolos musicales, algo de lo que desconocía su existencia- hasta llegar a la actualidad con los extendidísimos softwares Finale y Sibelius.

Por la tarde, destacables fueron las intervenciones de Don Antonio Gallego, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, quien nos habló y mostró alguno de sus 2500 rollos de pianola, explicándonos la fabricación y distribución comercial de este posteriormente considerado intrumento musical -en cuanto permitió realizar matices y elementos expresivos, permitiendo al ejecutante participar activamente en el resultado final y dejando ser ser simplemente el accionador de los pedales del  player-piano, piano automatique o autopiano (El , y no “la”, Pianola era un nombre comercial que finalmente se utilizó indistintamente, sea cual sea la marca o el modelo).  Nos habló de la fábrica de rollos de este instrumento mecánico en la Garriga, primero conocida como “La Solfa” y luego como “Victoria” siendo música “registrada” y no “editada”, según el Sr. Gallego. Dió además una cifra que da idea de la gran difusión de estre piano automático: a mediados de la década de los años 20 del siglo pasado la venta de este intrumento se contabilizó en 500.000 unidades, cifra que decayó con la llegada de la Crisis de 1920 y la Gran Depresión posterior, así como con la extensión de la radio y el gramófono.

Mención especial merecen dos jóvenes ponentes: Sara Navarro Lalanda, de la Universidad Autónoma de Madrid, y Adriana Cristina García García, del Conservatorio de Música de Santiago de Compostela, quienes con sus grandes conocimientos  y su entusiasmo no demostraron ninguna carencia frente al resto de ponentes con mayor trayectoria profesional e investigadora. Respectivamente hablaron de la edición musical en la biblioteca particular de Mª Cristina de Borbón, gran amante y mecenas de la música, impulsora del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, y de la producción editorial musical del Centro Musical de José Campo y Castro. Finalmente reseñar la comunicación de Rosa Isusi, musicóloga valenciana, quien nos habló de los fondos musicales del Colegio del Corpus Christi de Valencia, y la recepción y edición de música sacra en Valencia durante los siglos XVIII-XX. Eran tantas las cosas interesantes que quería exponer que se le acabó el tiempo, para pena de los allí presentes.

Mañana esperamos con ganas la segunda jornada. Trataré de resumirla lo mejor posible en Papeles de Música.

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